Pensaba darte leña con la crítica a Juego de Tronos pero, al igual que tu te has decepcionado por lo poco cañeros que han sido los ofendidos, yo también me decepcioné con el nivel de ácido de la tuya. Tampoco es para tanto. Sí me piqué con las alusiones al Señor de los Anillos y más después de leer el resto de críticas de LPD a las películas y al Silmarillion. Como es uno de mis libros preferidos y me sirve a menudo para crear metáforas que una legión de gente puede entender me gustaría darte una réplica completa que, lógicamente, no puede ser a través de twitter.
Primero, cómo leí yo el Señor de los Anillos. Pues la primera vez a los 13 años. Me gustó, claro que sí, pero no más que otras obras de literatura fantástica que por entonces lanzaba Timun Mas a ritmo desenfrenado, muchas de ellas ligadas a juegos de rol, que yo le daba mucho por esa época al D&D. Como siempre me gustó el género, pronto dí con El Hobbit, los cuentos inconclusos, y por supuesto El Silmarillion, Y ese sí que me enganchó, lo lei y releí muchos años porque es una rareza. No es propiamente una novela, los propios editores y el hijo de Tolkien reconocen que se trata de un conjunto inacabado de bocetos de relatos, de las leyendas que forman parte del mundo de la Tierra Media. Escrito en un tono a caballo entre la épica de gestas y los versículos del Antiguo Testamento. A mi me gustó, pero comprendo que es un libro no para cualquiera. Entonces, muchos años después, con los primeros rumores decentes de que Peter Jackson se disponía a rodar las películas me decidí a reeler El señor de los anillos. Y hacerlo después de conocerme muy bien las leyendas de El Silmarillion cambió por completo mi visión de la trilogía. Está llena de detalles, de referencias a esas leyendas, nada es casual y todo encaja cuidadosamente. Es un trabajo muy meticuloso.
¿Por qué mola El Señor de los Anillos? Ah, muchos dirán que es literatura evasiva, otros que millones de lectores (como las moscas con la mierda) no pueden estar equivocados, otros no sé, las manidas referencias de que se trata de una alegoría de la IIGM (descartado por Tolkien) o que logró su primer boom con el estallido de una cultura pop en plenos años 60. Puede ser. Yo creo que es un libro atrayente por su desbordante imaginación, que no está mal escrito (el autor, obviamente era muy culto, y sabe colar frases míticas como pocos). Usa técnicas narrativas sacadas de cantares nórdicos que aún funcionan (cuando se quiere destacar que Aragorn es un gran viajero él dice que ha llegado hasta el extremo sur “donde las estrellas son extrañas”, bonita manera de contar que ha cambiado de hemisferio) y no cuenta nada original sino que recoge lo que siempre se ha contado pero de una forma nueva. Y eso, lejos de ser un defecto, es una virtud.
Mi teoría particular es totalmente opuesta a quienes ven en El Señor de los Anillos un resurgir de las historias de épica medieval y el héroe clásico. Al contrario. Se trata de una historia completamente contemporánea porque los protagonistas, los hobbits (está mal escrito en la crítica de Andrés Boix y eso es imperdonable) son burgueses acomodados que no tienen nada de medieval. Viven de hecho en una sociedad preindustrial, con servicio de correos y sus leyes más estrictas se refieren a los hábitos de comer en sociedad. A ellos, a esos Frodo y Sam cuyo horizonte vital no iba más allá de zampar y retozar en la hierba, les arrastran los acontecimientos a un mundo épico que jamás hubieran soñado volver a ver. Y digo volver porque ellos se ven obligados a enfrentarse a leyendas que formaban parte del pasado y que creían fantásticos cuentos de hadas (sucede algo parecido cuando Merry llega a Rohan y el rey Theoden le comenta que a él le contaban cuentos de hobbits cuando era niño. Además, la carga de la caballeria de Rohan en la batalla de los campos de Pelennor, para liberar Minas Tirith, es una repetición del mito fundacional del propio reino de Rohan, que logró su marca cuando un antiguo caudillo ayudó en un lance semejante a los antiguos gobernantes de Gondor). Es un libro, no de leyendas, sino de cómo las leyendas se pueden volver realidad y, además, para mal. Eso es contemporáneo porque las vivencias de gran parte de los hombres del siglo XX fueron así. Llevaban una vida tranquila, en la que salían a comprar café y eran abogados o trompetistas de la banda municipal y un buen día, en 1936 o en 1939, los acontecimientos les arrastraron a vivir un tiempo épico de batallas en las que luchaban soldados por millones, con bombardeos aéreos. Y aún en la victoria el sentimiento de pérdida es tan grande que no logra compensar lo ganado.
Has hablado de “insufrible rollazo pseudomitológico” en el Señor de los Anillos, y del “coñazo” que da con su mitología inventada. Oh claro que sí, ¿pero qué mitología es esa? A nadie se le escapa que Tolkien era un católico apostólico y romano convencido (solían tratar de atacarle por su preferencia por las sagas nórdicas insinuando algún racismo antilatino; él se burlaba porque Gondor, de hecho, es Roma). No, tanto el Silmarillion como El señor de los anillos son libros profundamente católicos y, en mi opinión (esto a Tolkien no le gustaría) responden a un intento de reescribir el cristianismo pero de forma decente. Hay quien se burla de El Silmarillion diciendo que es como la Biblia, de hecho lo es. Es el mismo relato, con subterfugios para poder encajar un politeísmo que cuadre mejor en ese mundo, pero en la práctica monoteísta de Ilúvatar. Hay un demonio rebelde, Melkor, que se alza contra dios por los mismos motivos que el judeocristiano, por un afan de crear por si mismo que acaba corrompiéndose en necesidad de dominio. Y hay una caída en el pecado. Para los elfos (las más puras de todas las criaturas dicen en el Señor de los anillos, cómo si pudiéramos olvidar las barrabasadas que comenten en la primera edad) se trata del crimen de la matanza entre hermanos, el asesinato de elfos por elfos para lograr los barcos que necesitan para cambiar de continente siguiendo a Morgoth. Para los hombres, la caída (inducida por el demonio Melkor) está en haber afrontado la muerte (que es un don de Ilúvatar) como algo tenebroso y terrible, que les empujará a aferrarse a la vida. Todo es un remake de antiguas leyendas, la caída de Numenor es la Atlántida, Galadriel acaba siendo la virgen María, todo se acaba resolviendo gracias a la providencia.
En realidad El Señor de los Anillos es un libro muy raro. En sus primeros capítulos se demora en La Comarca sin sentido, igual que el propio Frodo que se resiste a partir. Sigue con una aventura hasta Rivendel que parece seguir los pasos de la antigua aventura de Bilbo. Y después todo se acelera. Los últimos capítulos narran en un párrafo lo que antes le hubiera llevado páginas y por eso tiene incongruencias. El libro está cojo porque Tolkien era un escritor cascarrabias y perfeccionista que nunca acaba de pulir lo que quería contar, y El Silmarillion es fruto de ese talante. De algún modo se resuelve en la insinuación de quién es el narrador. Se supone que el libro lo empieza Bilbo, lo cubre en su mayor parte Frodo y lo termina Sam.
Me encanta, pero no soy nada purista. Me gustaron las películas y tragué de mala gana algunos cambios y aplaudí otros. Las trilogia de Peter Jackson es, en todo caso, monumental y marcó un antes y un después en la manera en la que hemos visto en el cine las batallas de masas. Se nota en varias, pero es especialmente evidente en El Reino de los Cielos.
Quien ama de verdad algo ama también poder reírse de ello. Por eso me gustan las parodias y las herejías sobre esta obra. Recomiendo especialmente El último anillo del ruso Kiril Yeskov, un libro que le da la vuelta (con mucha retranca) a la historia contándonos que los orcos eran en realidad un pueblo esforzado e ingenioso, Sauron un rey prudente empujado a una guerra que no quería, Gandalf un intrigante sediento de poder, Aragorn un advenedizo que juega con magia negra y los elfos lo más despreciable de este mundo. Todo con un muy buena trama de espías a mitad de la novela.
Me podría pasar horas hablando de este asunto, pero creo que ya me he pasado demasiado, adjunto eso sí algunos enlaces de temas que he tratado anteriormente en el blog.
Una minicrítica al libro de Yeskov.
Un texto, obra de un sacerdote asturiano, sobre el catolicismo en ESLDA
¿Era Tolkien racista? Y lo que es más importante ¿franquista?

Lo primero que he de decir es agradecerte que te hayas currado semejante respuesta. La verdad es que con Tolkien yo tengo una relación de amor-odio desde hace bastantes años, pero me temo que me gustan más las adaptaciones que se han hecho a partir de su obra que su obra en sí.
Por ejemplo, a mí me encantan las tres películas de Peter Jackson, que he visto varias veces (aunque la tercera, a mi juicio, ya decae un poco). Las críticas de LPD están escritas precisamente en un tono parecido al de como imagino que debe estar el libro de Yeskov, si bien en nuestro caso con menos cariño por la obra original: coger una historia en la que las fronteras entre Bien y Mal están clarísimamente delimitadas y darle totalmente la vuelta, sobre todo porque, pensándolo bien, hay cosas muy discutibles en la historia del Anillo (como que los anillos, también los que utilizan los elfos, sean obra de Sauron, o el golpe de Estado que monta Gandalf en Minas Tirith).
De resultas de ver la primera película, de hecho, estuve un par de años jugando al rol con varios amigos, y era precisamente al juego del Señor de los Anillos al que casi siempre jugábamos (mi afición favorita era llevar personajes que se dejaban corromper por el “lado oscuro” de Sauron y el Mal tan pronto como tenían oportunidad, si era posible con objetos mágicos como el anillo único: te daban poder, pero también te destruían. Y a mí, plim. Mientras me dieran poder a cambio…).
Sin embargo, los libros siempre me han decepcionado. Y digo “siempre” porque me los he leído varias veces, intentando encontrar en ellos la emoción y el interés que me suscitaban las películas o partidas de rol. Y a veces lo conseguía, pero rodeadas de páginas y páginas y páginas de cuestiones que no me interesaban en absoluto. Por eso me gusta más Juego de Tronos, porque va más a lo que se refleja en la serie, la mera narración – culebrón que es lo que yo estoy buscando en ese tipo de literatura, y no consideraciones más pretenciosas (en el buen o mal sentido) como la edificación de unos mitos elaborados y propios.
Yo entiendo el mérito que tiene desarrollar una mitología propia adaptándola a partir de otros mitos que se entremezclan, pero es una cuestión que me dificulta mucho tomarme después en serio las historias a que dan lugar. No puedo evitar pensar que, si bien los mitos, como la religión, en última instancia son inventos humanos, es más interesante constatar su influencia sobre las sociedades a las que van dirigidos, la cosmovisión que interpretan, cuando hablamos de mitos desarrollados por una sociedad respecto de este caso, que es el de una mitología creada por una persona. Una mitología que, desde el principio, es asumida como tal por parte de todos, incluyendo a sus seguidores (ni el fan más descerebrado se creerá que la Tierra Media existe; bueno, igual sí). Vendría a ser, por poner un ejemplo, comparar el griego clásico con el esperanto. Ambas son lenguas muertas (casi muertas), pero el influjo y raíces de una no se puede comparar con la otra, y el interés que me suscitan, tampoco.
Te alabo, por último, tu paciencia para con el Silmarillion, que a mí es la obra de Tolkien que siempre me ha puesto más de los nervios, precisamente porque no es un libro, sino un compendio inacabado de tradiciones que él mismo se inventa (y donde, además, es tan grande la asimetría entre el enorme poder del Bien y el estado casi siempre precario del Mal que al menos yo siempre tuve bastante simpatía por los supuestos “malos”, Sauron y sobre todo Morgoth, que el pobre hombre no paraba de recibir yoyah).
Un abrazo
Bien; pero los tres anillos de los elfos no los hace Sauron, los hacen ellos solos. Él si tiene que ver en la forja de los siete de los enanos, los nueve de los hombres y el único, por supuesto.
¿Pero no es Sauron el que les enseña cómo hacerlos, aunque no los llegue a tocar? Yo es lo que recuerdo, que aquí nadie sabía hacer nada hasta que llega Sauron (creo que se hacía llamar “el señor de los dones”, o algo así) y provoca la mejora de las condiciones de vida de las criaturas de la Tierra media…
Para gustos están los colores, y aunque disfruté con el Hobbit, a mí también me parece ‘EL señor de los anillos’ un tostón. No voy a argumentar nada, porque es una opinión y como tal, sin valor universal.
Claro, para gustos colores. Aunque la narración de El Hobbit, más al principio que al final, es un poco infantil.
Y, no Guillermo, en los tres anillos de los elfos, Sauron “nada tuvo que ver” según el autor. Aunque sin el conocimiento de unos y otro no se hubiera logrado ninguno. Otro objeto curioso son los Palantir, lo son porque todos los que lo usan sufren un engaño. Primero Saruman, que contempla el poder creciente de Mordor se convence de su victoria y decide unirse a Sauron; Denethor ve lo mismo y desespera abandonando la idea de luchar y cediendo al suicidio. El propio Sauron se engaña porque mira cuando lo tiene Pippin, cree que él tiene el anillo y desencadena demasiado pronto el ataque a minas Tirith. Para remarcar el catolicismo que hay aquí, es la fe en que Frodo conseguirá destruir el anillo lo que hace que los demás cumplan con su papel.