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LOS ABAJO FIRMANTES, procedentes de distintos ámbitos de la cultura asturiana y claramente implicados, desde sus respectivas facetas, en el desarrollo cultural de esta comunidad autónoma, desean manifestar su desacuerdo tanto con la destitución de José Luis Cienfuegos al frente del Festival Internacional de Cine de Gijón como con el modo en que ésta se ha llevado a cabo, por entender que ni existen razones objetivas que justifiquen ese cese ni las formas empleadas para su consumación fueron las apropiadas teniendo en cuenta la labor desarrollada por Cienfuegos durante 16 años y el impulso que a lo largo de ese periodo imprimió tanto a la cinematografía del país como a la relevancia internacional de Gijón y de Asturias, a las que convirtió en referente de un modo de entender el cine y la cultura que no sólo no ha perdido vigencia, sino que se mantiene hoy más vivo que nunca.

Desde que, a mediados de la década de los noventa del pasado siglo, asumió las riendas del Festival Internacional de Cine de Gijón, José Luis Cienfuegos supo armar a su alrededor un equipo que, a base de trabajo, talento y esfuerzo, consiguió engendrar un certamen único en España que no sólo convirtió a la ciudad en una de las grandes mecas del cine independiente, sino que apostó por las tendencias más innovadoras y arriesgadas e hizo que este rincón norteño se convirtiese en refugio de quienes piensan que el cine debe ser más que un mero entretenimiento. La presencia en Gijón de cineastas tan importantes como Erice, Kiarostami, Clark, Balabanov, Glawogger, Watkins o Guerin, por citar sólo unos pocos, avalaron, año tras año, la validez de su propuesta, y la creciente afluencia de público a las salas certificó, edición tras edición, la satisfacción de un colectivo que encontró en Gijón, además de un lugar idóneo para aproximarse a unas obras de arte que rara vez llegaban a los circuitos comerciales, una suerte de escuela cinéfila, sin olvidar el importante papel que jugaron las diferentes secciones del certamen a la hora de dar a conocer la obra de los cineastas asturianos más importantes y representativos de cada momento.

Por todo ello, los firmantes de este documento, además de manifestar el descontento al que se alude en el primer párrafo de este comunicado, quieren agradecer a José Luis Cienfuegos –y, por extensión, a las personas que a lo largo de estos tres lustros trabajaron junto a él codo con codo– su labor al frente del Festival de Cine y su papel de dinamizador de la cultura asturiana, así como manifestar su preocupación por el estado de distintas infraestructuras e iniciativas culturales que se encuentran últimamente en entredicho y que hasta ahora habían contribuido a forjar la imagen de una Asturias moderna, dinámica y abierta al mundo que tememos pueda quedar seriamente dañada.

Gijón, 12 de enero de 2012

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Tomás

La redención de ZP

A finales de octubre la situación llegó a ser verdaderamente grave, para muchos países a ambos lados del Atlántico, desesperada. Se acordó una reunión, una cumbre, de urgencia; en ella participarían jefes de gobierno y dueños de corporaciones, responsables de organizaciones económicas y financieras internacionales. Sumando siglas –ONU, FMI, OCDE, UE, blablabla, y algún Davos–se podía decir que iban a estar todos los que son y ni uno iba a faltar.

Una coincidencia de elementos eligió el lugar de encuentro, España era una potencia media, ningún gran estado quería arrogarse un protagonismo especial, tenía un presidente que iba a perder una elecciones sin remedio, un pato cojo; y al fin y al cabo, era un país en el ojo del huracán que había ido siguiendo las recomendaciones que todos ellos le habían dictado. Podía dársele un último empujón.

Se escogió una área aislada, el acceso por carretera obligaba a que las protestas tuvieran que realizarse a kilómetros de distancia del edificio que albergaba el encuentro. Se sabe que la reunión concretamente se celebró en una sala amplia, con el personal imprescindible para que los huéspedes pudieran entenderse entre ellos.

 

En realidad, de lo que pasó después, poco se sabe a ciencia cierta. Uno de los supervivientes, un becario del cuerpo de los traductores –que sabía español, inglés y un dialecto lapón del que apenas quedan unos centenares de hablantes, pero que lo habían llamado por si acaso y porque daban tres créditos; y que según confesó luego, había salido a una terraza a fumarse un porro porque se aburría– dijo que había sido una cita muy discreta. “Había corrillos, pero en un determinado momento, Zapatero, como anfitrión del encuentro, se dirigió a todos para iniciar el acto con unas palabras. No sé muy bien lo que decía, no le oía con claridad a través del cristal; apenas comprendí unas palabras de forma precisa, fueron: cueste lo que me cueste. Y entonces lo sacó del bolsillo. Era como una pequeña bola, del tamaño de la mano. No sé lo que era, ¿sabes lo que pensé yo? Un detonador termal, sí, ¿no sabes? Repásate El retorno del Jedi.”

 

Las primeras horas, los primeros días en realidad, fueron una shock mundial. El orbe quedó descabezado, por completo, tanto en los grandes estados como en muchas de las multinacionales más influyentes de la economía mundial. Todo se paró, unos instantes, mientras se iban haciendo cargo las personas que tocaban según los estatutos. De algún modo, a todos les pareció una advertencia del destino.

Durante mucho tiempo, décadas, se condenó la masacre, el feroz acto de cruel terrorismo. Asentada la prosperidad en un tiempo nuevo, hoy muchos colegios públicos llevan su nombre.

 

 

 

Réplica a LPD

Pensaba darte leña con la crítica a Juego de Tronos pero, al igual que tu te has decepcionado por lo poco cañeros que han sido los ofendidos, yo también me decepcioné con el nivel de ácido de la tuya. Tampoco es para tanto. Sí me piqué con las alusiones al Señor de los Anillos y más después de leer el resto de críticas de LPD a las películas y al Silmarillion. Como es uno de mis libros preferidos y me sirve a menudo para crear metáforas que una legión de gente puede entender me gustaría darte una réplica completa que, lógicamente, no puede ser a través de twitter.

Primero, cómo leí yo el Señor de los Anillos. Pues la primera vez a los 13 años. Me gustó, claro que sí, pero no más que otras obras de literatura fantástica que por entonces lanzaba Timun Mas a ritmo desenfrenado, muchas de ellas ligadas a juegos de rol, que yo le daba mucho por esa época al D&D. Como siempre me gustó el género, pronto dí con El Hobbit, los cuentos inconclusos, y por supuesto El Silmarillion, Y ese sí que me enganchó, lo lei y releí muchos años porque es una rareza. No es propiamente una novela, los propios editores y el hijo de Tolkien reconocen que se trata de un conjunto inacabado de bocetos de relatos, de las leyendas que forman parte del mundo de la Tierra Media. Escrito en un tono a caballo entre la épica de gestas y los versículos del Antiguo Testamento. A mi me gustó, pero comprendo que es un libro no para cualquiera. Entonces, muchos años después, con los primeros rumores decentes de que Peter Jackson se disponía a rodar las películas me decidí a reeler El señor de los anillos. Y hacerlo después de conocerme muy bien las leyendas de El Silmarillion cambió por completo mi visión de la trilogía. Está llena de detalles, de referencias a esas leyendas, nada es casual y todo encaja cuidadosamente. Es un trabajo muy meticuloso.

¿Por qué mola El Señor de los Anillos? Ah, muchos dirán que es literatura evasiva, otros que millones de lectores (como las moscas con la mierda) no pueden estar equivocados, otros no sé, las manidas referencias de que se trata de una alegoría de la IIGM (descartado por Tolkien) o que logró su primer boom con el estallido de una cultura pop en plenos años 60. Puede ser. Yo creo que es un libro atrayente por su desbordante imaginación, que no está mal escrito (el autor, obviamente era muy culto, y sabe colar frases míticas como pocos). Usa técnicas narrativas sacadas de cantares nórdicos que aún funcionan (cuando se quiere destacar que Aragorn es un gran viajero él dice que ha llegado hasta el extremo sur “donde las estrellas son extrañas”, bonita manera de contar que ha cambiado de hemisferio) y no cuenta nada original sino que recoge lo que siempre se ha contado pero de una forma nueva. Y eso, lejos de ser un defecto, es una virtud.

Mi teoría particular es totalmente opuesta a quienes ven en El Señor de los Anillos un resurgir de las historias de épica medieval y el héroe clásico. Al contrario. Se trata de una historia completamente contemporánea porque los protagonistas, los hobbits (está mal escrito en la crítica de Andrés Boix y eso es imperdonable) son burgueses acomodados que no tienen nada de medieval. Viven de hecho en una sociedad preindustrial, con servicio de correos y sus leyes más estrictas se refieren a los hábitos de comer en sociedad. A ellos, a esos Frodo y Sam cuyo horizonte vital no iba más allá de zampar y retozar en la hierba, les arrastran los acontecimientos a un mundo épico que jamás hubieran soñado volver a ver. Y digo volver porque ellos se ven obligados a enfrentarse a leyendas que formaban parte del pasado y que creían fantásticos cuentos de hadas (sucede algo parecido cuando Merry llega a Rohan y el rey Theoden le comenta que a él le contaban cuentos de hobbits cuando era niño. Además, la carga de la caballeria de Rohan en la batalla de los campos de Pelennor, para liberar Minas Tirith, es una repetición del mito fundacional del propio reino de Rohan, que logró su marca cuando un antiguo caudillo ayudó en un lance semejante a los antiguos gobernantes de Gondor). Es un libro, no de leyendas, sino de cómo las leyendas se pueden volver realidad y, además, para mal. Eso es contemporáneo porque las vivencias de gran parte de los hombres del siglo XX fueron así. Llevaban una vida tranquila, en la que salían a comprar café y eran abogados o trompetistas de la banda municipal y un buen día, en 1936 o en 1939, los acontecimientos les arrastraron a vivir un tiempo épico de batallas en las que luchaban soldados por millones, con bombardeos aéreos. Y aún en la victoria el sentimiento de pérdida es tan grande que no logra compensar lo ganado.

Has hablado de “insufrible rollazo pseudomitológico” en el Señor de los Anillos, y del “coñazo” que da con su mitología inventada. Oh claro que sí, ¿pero qué mitología es esa? A nadie se le escapa que Tolkien era un católico apostólico y romano convencido (solían tratar de atacarle por su preferencia por las sagas nórdicas insinuando algún racismo antilatino; él se burlaba porque Gondor, de hecho, es Roma). No, tanto el Silmarillion como El señor de los anillos son libros profundamente católicos y, en mi opinión (esto a Tolkien no le gustaría) responden a un intento de reescribir el cristianismo pero de forma decente. Hay quien se burla de El Silmarillion diciendo que es como la Biblia, de hecho lo es. Es el mismo relato, con subterfugios para poder encajar un politeísmo que cuadre mejor en ese mundo, pero en la práctica monoteísta de Ilúvatar. Hay un demonio rebelde, Melkor, que se alza contra dios por los mismos motivos que el judeocristiano, por un afan de crear por si mismo que acaba corrompiéndose en necesidad de dominio. Y hay una caída en el pecado. Para los elfos (las más puras de todas las criaturas dicen en el Señor de los anillos, cómo si pudiéramos olvidar las barrabasadas que comenten en la primera edad) se trata del crimen de la matanza entre hermanos, el asesinato de elfos por elfos para lograr los barcos que necesitan para cambiar de continente siguiendo a Morgoth. Para los hombres, la caída (inducida por el demonio Melkor) está en haber afrontado la muerte (que es un don de Ilúvatar) como algo tenebroso y terrible, que les empujará a aferrarse a la vida. Todo es un remake de antiguas leyendas, la caída de Numenor es la Atlántida, Galadriel acaba siendo la virgen María, todo se acaba resolviendo gracias a la providencia.

En realidad El Señor de los Anillos es un libro muy raro. En sus primeros capítulos se demora en La Comarca sin sentido, igual que el propio Frodo que se resiste a partir. Sigue con una aventura hasta Rivendel que parece seguir los pasos de la antigua aventura de Bilbo. Y después todo se acelera. Los últimos capítulos narran en un párrafo lo que antes le hubiera llevado páginas y por eso tiene incongruencias. El libro está cojo porque Tolkien era un escritor cascarrabias y perfeccionista que nunca acaba de pulir lo que quería contar, y El Silmarillion es fruto de ese talante. De algún modo se resuelve en la insinuación de quién es el narrador. Se supone que el libro lo empieza Bilbo, lo cubre en su mayor parte Frodo y lo termina Sam.

Me encanta, pero no soy nada purista. Me gustaron las películas y tragué de mala gana algunos cambios y aplaudí otros. Las trilogia de Peter Jackson es, en todo caso, monumental y marcó un antes y un después en la manera en la que hemos visto en el cine las batallas de masas. Se nota en varias, pero es especialmente evidente en El Reino de los Cielos.

Quien ama de verdad algo ama también poder reírse de ello. Por eso me gustan las parodias y las herejías sobre esta obra. Recomiendo especialmente El último anillo del ruso Kiril Yeskov, un libro que le da la vuelta (con mucha retranca) a la historia contándonos que los orcos eran en realidad un pueblo esforzado e ingenioso, Sauron un rey prudente empujado a una guerra que no quería, Gandalf un intrigante sediento de poder, Aragorn un advenedizo que juega con magia negra y los elfos lo más despreciable de este mundo. Todo con un muy buena trama de espías a mitad de la novela.

Me podría pasar horas hablando de este asunto, pero creo que ya me he pasado demasiado, adjunto eso sí algunos enlaces de temas que he tratado anteriormente en el blog.

Una minicrítica al libro de Yeskov.

Un texto, obra de un sacerdote asturiano, sobre el catolicismo en ESLDA

¿Era Tolkien racista? Y lo que es más importante ¿franquista?

1. El desarrollo de los acontecimientos.

1.a. El inicio de la revolución.

La causa inmediata, el resorte que hizo que el proletariado asturiano se alzara en armas a la conquista del poder político fue la entrada el 4 de Octubre de 1934  de tres miembros de la CEDA en el gobierno. Los comunistas, que ese mismo día habían firmado su entrada en la Alianza obrera, trataron de precipitar los acontecimientos, sin embargo los socialistas, que eran la fuerza obrera mayoritaria, se negaron a actuar hasta no haber recibido la orden desde Madrid. Las instrucciones para comenzar la revolución las traía ocultas bajo su sombrero Teodomiro Menéndez[1] que llegó a Oviedo pasadas las 10 de la noche.

En la madrugada del día 5 el comité revolucionario impartió sus primeras ordenes y se abrieron los escondites de armamento; Javier Bueno, director de  Avance era detenido esa misma noche mientras que de las rotativas del periódico socialista se lanzaban las primeras proclamas revolucionarias.

La primera fase de la acción revolucionaria fue apoderarse del poder local asaltando  los 95 cuarteles de la Guardia Civil existentes en la región.  Los revolucionarios se dirigían a los defensores de los cuarteles en primer lugar conminándoles a la rendición para posteriormente proceder al asalto. Los inicialmente mal armados grupos de revolucionarios se apoderaron de los principales cuarteles de las zonas más industrializadas haciendo uso indiscriminado de la dinamita.

Esta fase de la revolución concluyó con el dominio de un tercio de la geografía asturiana, el área que concentraba las cuatro quintas partes de la población, dejando los cuarteles de las zonas rurales que tras el dominio de la capital serían más fáciles de controlar. Era en Oviedo donde se concentraban la mayor parte de las fuerzas gubernamentales.

1.b. El asalto a Oviedo.

El plan inicial para la conquista de la capital asturiana consistía en una acción por sorpresa la primera noche de lucha en la que se procedería a la detención de los principales oficiales del ejercito en sus domicilios o la salida de espectáculos nocturnos, gracias a una lista detallada de sus nombres que el comité revolucionario había obtenido del sargento Vázquez, sin embargo el retraso con el que llegó la orden de iniciar la revolución impidió que se llevara a cabo este plan.

La noticia de los asaltos a los cuarteles de la Guardia Civil permitió a las fuerzas gubernamentales de Oviedo tomar posiciones estratégicas en la ciudad.

El día 5 González Peña[2] consigue reclutar a 800 hombres en Ablaña que marchan hacia la capital asturiana con armas provenientes del Turquesa[3] . Al anochecer acampan a 5 Km. de Oviedo donde reciben 200.000 cartuchos y se les unen las fuerzas proletarias de Mieres, unos 500 hombres, a las órdenes del sargento Vázquez. Estas fuerzas unidas inician el ataque a Oviedo a las 6 de la mañana.

La batalla de La Manzaneda será la primera victoria a campo abierto de los revolucionarios, la cual les permitirá llegar hasta el Ayuntamiento de Oviedo hacia las 2 de la tarde gracias, además, a la unión a los revolucionarios de 100 obreros ovetenses.

En las afueras de la ciudad, en la bifurcación de las carreteras de Langreo y Mieres, un enlace del Comité, simulando una avería del automóvil, aguardaba la llegada para coordinar con el resto de los frentes urbanos. A las ocho de la mañana, una compañía de guardias de Asalto, percatada de los avances, tomó la iniciativa, atacando a los de Mieres.

En el primer encuentro, las fuerzas gubernamentales sorprendieron a la avanzadilla revolucionaria –unos 200 hombres-, a la que causaron numerosas bajas. La reorganización de la columna minera se produjo hacia las 9 de la mañana, con la incorporación de unos 400 hombres más. Entonces, destacó varios grupos de “guerrillas”, nutridos por especialistas en dinamita,  y apoyados por el fuego de las retaguardias. En dos horas, la compañía de Asalto quedó desbordada. A las 11 de la mañana, otra compañía – Zapadores de Gijón- se sumó al combate, pero las posiciones revolucionarias se habían consolidados de tal forma que la intervención de aquélla apenas sirvió para retrasar, durante tres horas, la llegada de los atacantes al corazón de la ciudad: pasadas las dos de la tarde, entraban en la plaza del Ayuntamiento. A medida que se producía el avance, a través de los barrios periféricos, se apreció un claro apoyo a los trabajadores llegados de Mieres. Los obreros ovetenses de San Lázaro se habían unido a la columna; oportunistas, prostitutas, hombres temerosos –señalan las crónicas- vitoreaban a los combatientes rojos.”[4] .

Tras el Ayuntamiento cayeron la armería ovetense, el Juzgado Municipal y la Casa de Socorro.

A la vez que transcurrían estos acontecimientos, González Peña atacó por la carretera de Galicia desde la falda del monte Naranco, donde se ubicaron los primeros cañones una vez caída la fábrica de armas de Trubia.

Gracias a la novedosa técnica de guerrillas urbanas unos 1000 revolucionarios se habían apoderado en esa jornada de la mayor parte de una ciudad defendida por unas fuerzas gubernamentales superiores en número. Estas controlaban el centro de la ciudad donde se encuentran la mayoría de los edificios administrativos.

Los revolucionarios tomaron también en esta jornada, la fabrica Sociedad Española de Explosivos de La Manjoya y la fábrica de cañones de Trubia que cayó en manos de los revolucionarios gracias a un audaz golpe de mano de un comando de 17 hombres dirigidos por el comunista Juan José Manso. La ocupación de la fábrica artillera se anticipó a los planes previstos por el Comité revolucionario por lo que la acción fue criticada por algunos sectores, sin embargo, el asalto a la fábrica había proporcionado a los revolucionarios un importante contingente de armas compuesto por “29 cañones de varios calibres, abundantes proyectiles – en su mayoría sin espoletas- y cerca de 8000 cascos de acero”[5] .

Tras este primer día de ataque las fuerzas revolucionarias controlan un importante arco al sur de la ciudad en la zona opuesta a la salida hacia la costa, lo que más tarde se revelaría como un grave fallo de la estrategia revolucionaria.

El día 7 continúan los ataques sobre Oviedo con la caída del depósito de máquinas de los Ferrocarriles del Norte además del Cuartel de Carabineros que se rinde, tras lo cual marcharían los primeros camiones con presos hacia Mieres.

Se instalan nuevos cañones procedentes de Trubia en el arco controlado por los asaltantes y llegan refuerzos procedentes de Sama de Langreo que se incorporan a la lucha con retraso por la dura resistencia que hallaron en el cuartel de la Guardia Civil de esta localidad que cayó tras 36 horas ininterrumpidas de lucha.

También caen los conventos de Santo Domingo y Carmelitas a fuerza de dinamita tras encontrar los revolucionarios que salían disparos de ambos lugares. También se ocupó el edificio de Telégrafos con lo que quedó interrumpida la comunicación de los defensores de Oviedo con Madrid.

Esa misma mañana un grupo de 26 hombres de las fuerzas gubernamentales ocupa lugares estratégicos en las torres de la Catedral causando numerosas bajas entre los revolucionarios. “En todo instante, el Comité prohibió que se bombardease el templo, por respeto a su valor artístico, medida que irritó a algunos combatientes obreros. El día 11, al producirse un vacío de poder en la dirección revolucionaria, un grupo dinamitó la Cámara Santa, obra del siglo IX.”[6]

Los días 8,9 y 10 los revolucionarios sufren ataques de la aviación republicana y prácticamente quedan reducidos los núcleos de resistencia gubernamentales.

El día 8 los militares abandonan la Fábrica de Armas de La Vega y se retiran al cuartel de Pelayo  (donde dos días antes de la revolución el director de la fábrica había trasladado por precaución medio millón de proyectiles). Horas más tarde la dirección revolucionaria ordena la ocupación del edificio con lo que conseguirían un gran arsenal. La ocupación de La Vega aportó numerosas armas largas, que habían escaseado los primeros días de combate, pero entonces faltaron las municiones que habían sido derrochadas en las primeras escaramuzas. De las 21.622 armas requisadas, el Comité repartió 11.465 (en su mayoría fusiles y mosquetones). Colas de camiones formaron a lo largo de ese día delante de la factoría para distribuir las armas por las distintas poblaciones, especialmente a las de las cuencas del Caudal y del Nalón.

El día 10 las fuerzas gubernamentales quedaron fuertemente reducidas por el uso por parte de los revolucionarios, de camiones blindados. Pero ya esa misma jornada las municiones empezaron a escasear, a lo cual se unió la noticia de que las tropas dirigidas por el General López Ochoa se acercaban a la ciudad. El Comité decidió abandonar la lucha pero la orden nunca llegó ser cursada  y se formó un segundo comité en manos de los comunistas[7].

1.C El frente sur

Además de los combates urbanos, entre los que destacan de forma principal las luchas en las calles de Oviedo, en la Revolución del 34  hubo verdaderas batallas a campo abierto entre los valles y las montañas asturianas.

En Olloniego (un lugar estratégico por ser el punto de reunión entre las cuencas del Caudal y del Nalón en el camino hacia Oviedo) tras el asalto al cuartel de la Guardia Civil –donde dos de sus números se pasarían a las filas revolucionarias-  se dio la voz de alarma y la primera brigada de guardias de Asalto llegó a las 7 de la mañana. Los revolucionarios les esperaban en los altos de la Manzaneda estratégicamente situados e impidieron su avance lo que les obligó a pedir nuevos refuerzos. A medida que avanzaba la mañana 60 hombres procedentes de Mieres y Turón se unieron a los revolucionarios mientras que a las fuerzas gubernamentales se unieron dos nuevas unidades de guardias y una compañía del regimiento de Infantería Nº3 que “ se vio obligado a suspender la marcha ante el diluvio de balas”[8]. Al atardecer, tras doce horas de lucha desesperada, las fuerzas gubernamentales inician una retirada apresurada perdiendo en el camino 2 camionetas, una ametralladora y municiones en abundancia.

Esta primera victoria de los revolucionarios permitió que las tropas del Caudal llegaran al día siguiente sin grandes obstáculos hasta el centro de Oviedo, además infundió grandes ánimos a los combatientes revolucionarios que fueron recibidos en Mieres con los acordes de La Internacional.

Sin embargo sería  la batalla sostenida entre los revolucionarios asturianos y las fuerzas gubernamentales entre Puente de los Fierros y Pola de Lena  la más característica de la Revolución del 34 y la que el comité revolucionario denominaría el “Frente Sur”. En esta batalla jugó una importancia capital en el desarrollo de los acontecimientos, en palabras del historiador Joaquín Arrarás[9] “(…) los jefes, pagaban cara su temeridad y su olvido histórico. En las hoces y los desfiladeros de Asturias fueron derrotados los generales de Napoleón por los guerrilleros asturianos; las tropas del mariscal Kellerman, duque de Valmy, en Vega del Rey; las del general Ney, en Leitariegos”.

En la mañana del día 5, un grupo de guardias civiles procedentes de León se acercó a las inmediaciones de Campomanes pero tuvo que detener su avance por el hostigamiento sufrido desde altas posiciones por parte de las fuerzas obreras, decidieron dividir su grupo para replegarse hacia Puente de los Fierros, muriendo la mitad en el intento.

El día 6 llegó hasta frontera asturiana un importante contingente de tropas del ejercito por lo que los grupos de insurrectos, tras destruir la vía del tren, se replegaron hacia Vega del Rey. A Campomanes llegaron un batallón del regimiento de Infantería nº 36, con base en León; una sección de fusiles del regimiento de Infantería nº 12 de Lugo y un batallón ciclista de Palencia formado por unos 400 hombres.

Aprovechando la oscuridad las fuerzas revolucionarias tomaron posiciones claves en las zonas más altas de Vega del Rey con comunicación con la vía del tren y la carretera, las fuerzas gubernamentales dirigidas por el general Bosch habían caído en un cepo del que no podrían salir en varios días.

El día 7 hubo un importante avance revolucionario al conseguir los insurgentes desalojar al ejercito del Alto del Rozón gracias a un cañón procedente de la factoría de Trubia y a pesar de los refuerzos venidos desde Valladolid del ejército de la República.

La batalla en esos días una gran intensidad:

“El día 8 se desencadenó un nuevo ataque, cayendo los revolucionarios sobre los grupos militares que intentaban romper el cerco. La línea telefónica que unia a los sitiados con Puente de los Fierros quedó destruida, haciendos aun mayur la incomunicación del general Bosch. Por la noche, para evitar los movimientos por sorpresa del enemigo,  la Infantería lanzó bengalas luminosas. Al día siguiente, los insurrectos, animados por la llegada al frente de varias partidas de armamento, lanzaron un ultimátum al mando militar, con el que ya había intentado parlamentar en la víspera.

El paisano García Tuñón, de significación derechista, portando una bandera blanca, entregó al comandante Rojo un mensaje firmado por el teniente Gabriel Torrens Llompart, rehén de los revolucionarios, en el que se solicitaba la rendición para evitar nuevos derramamientos de sangre: “Las condiciones en que se encuentran ustedes son gravísimas”. Y daba confianza a los sitiados: “No son criminales, sino humanos, y por eso me ruegan que intervenga a su favor y haga lo posible para no derramar sangre de los soldados ni de los que tengan a bien entregarse.” La  carta llevaba una postdata en la que se amenazaba con el exterminio total de la posición sino se daba una respuesta satisfactoria en el plazo  de quince minutos. Pasó el tiempo y la contestación no se produjo.

El ataque revolucionario fue una tromba de fuego: artillería, dinamita, ametralladoras y fusiles. Un tren blindado se aproximó  a los enclaves de Bosch con fuego de fusilería. La aviación republicana hizo sus primeros vuelos ofensivos.”[10]

El día 9 llegaron a través del Puerto de Pajares más refuerzos del ejercito procedentes de Zamora, los cuales permitirían al general Bosch  retirarse el día 11 hasta Campomanes  cuando se encontraban en graves condiciones sin alimentos[11] y sin poder atender a los heridos.

A partir del día 13 comienza el declive de los revolucionarios con la pérdida del alto donde se encuentra la iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena en la que habían ubicado una ametralladora temible por su área de barrido. El día catorce cae el alto del Rozón y comienza la retirada revolucionaria de manera escalonada, el día siguiente el general Bosch era relevado por orden del gobierno por el general Balmes.

Los días 15 y 16 guerrillas revolucionarias formadas por unos 100 hombres retrasaron el avance del ejercito mientras las grandes concentraciones de revolucionarios – que llegaron a superar los 2000 hombres con cocinas de campaña, asistencia sanitaria y enlaces telefónicos con el comité- se retiraban hacia las cuencas mineras.

1.D La campaña militar

La derrota revolucionaria se consumó con la entrada en liza de las tropas coloniales procedentes de África. Solo la llegada del general Yagüe con las tropas marroquíes logró mejorara las posiciones de las tropas de Lopez Ochoa paralizadas por la fuerte resistencia encontrada en Oviedo y la lucha revolucionaria no cesó definitivamente hasta el día 18. Para entonces el despliegue de tropas de ejército en Asturias era impresionante: “… el día 20 había más de 26.000 hombres concentrados en Asturias. Había tropas de los regimientos de Infantería números 3, 12, 14, 24, 29, 32, 35 y 36; el regimiento de campaña nº8; el batallón de Zapadores nº7 y una compañía del nº8; el batallón de Cazadores de África nº8; las banderas 3ª, 5ª y 6ª del Tercio; dos tabores de Regulares indígenas; regimiento de Caballería nº2 y tres escuadrones más de Caballería de los regimientos 5 y 6; una sección de ametralladoras nº6; batería del regimiento de Artillería de montaña nº2, un batallón del nº7 y una batería del 14 ligero; Parque de Municiones sección montada de Intendencia, sección de evacuación militar y transmisiones; batallón ciclista; numerosas compañías de guardias de Asalto –una de gases lacrimógenos- y de la Guardia Civil –de 3000 a 5000 hombres-, etc. El mismo día en que se restableció la circulación ferroviaria con Castilla,  entráron en Asturias 45 trenes militares…”[12].

El día 18 de Octubre el presidente del tercer comité revolucionario, Belarmino Tomás se reunía a las 6,30 de la tarde con Lopez Ochoa para discutir los términos de la rendición.  El general exigió la entrega de las armas y de la cuarta parte de los miembros del comité, esta segunda condición no fue aceptada por el líder revolucionario. Finalmente se acordó que no entrarían las tropas de la legión en las Cuencas[13] y que no habría represalia al margen de las decisiones judiciales de las que derivaran responsabilidades por los sucesos ocurridos.  Belarmino Tomás se despidió de los útimos combatientes congregados en la plaza del Ayuntamiento de Sama de Langreo con la frase: “Al proletariado se le puede derrotar, pero jamás vencer.”

1.E La represión.

Ya el mismo día 11 comienza la represión por parte del general López Ochoa   que no dudó en utilizar prisioneros como escudos humanos en su avance en las calles de Oviedo y que en el interior del Cuartel de Pelayo fusiló a  varios revolucionarios cuyo número oscila, según las versiones entre 19 y 48.

Pero el “líder” de la represión  fue el comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval que con su llegada a Asturias el día 24 desplegó una maquinaria represiva muy intensa que en la mayoría de los casos acababa con la incapacidad física o la muerte de los interrogados. “Instalado  en el convento de las Adoratrices, el comandante Doval convirtió aquel centro de piedad en lo que pronto se conoció como el orfeón, porque allí todos cantaban… Incluso, para amortiguar las quejas físicas de sus torturados, hizo instalar un gramófono, que vertía hacia el exterior melodías que se entremezclaban con los gritos de los interrogados.”[14]

Lisardo Doval sería destituido en diciembre ante las evidencias criminales de su actuación. Es importante para nuestro estudio el caso del periodista Luis de Sirval asesinado en uno de los cuarteles de Oviedo por sus investigaciones acerca de las torturas que se estaban cometiendo en ellos así como las recibidas por parte de Javier Bueno director del periódico socialista  Avance que fue obligado a comerse los artículos que había escrito en el último número del periódico que había salido a la calle[15].

La represión se dirigió en un primer momento a obtener la información necesaria para confiscar las armas que aun escondían los revolucionarios; en una última fase giró entorno a la lucha con las guerrillas ocultas en las montañas.

El tema del indulto de los responsables de la revolución movilizó a la izquierda internacional  e incluso a miembros de la propia Iglesia como los cardenales españoles Pildain y Vidal i Barraquer. De las 23 penas de muerte dictadas por el Consejo de Ministros,  el presidente Alcalá Zamora conmutó 21, el sargento Arturo Vázquez y el obrero Argüelles  “el pichilatu” fueron ejecutados como prueba de rigor de la justicia política.

2.Las causas de la revolución

Las causas de la revolución de Asturias son varias y complejas. Por un lado nos interesa conocer que fue lo que empujó a los obreros a abandonar la lucha política y decidirse por la vía de la insurrección armada para la conquista del poder y por otro, también nos interesa conocer cuales fueron los factores que permitieron que la revolución triunfase únicamente en Asturias mientras que en el resto de España (fundamentalmente en Madrid, el País Vasco y Cataluña) era aplastada por las fuerzas gubernamentales a las pocas horas de haberse iniciado.

Respecto a la situación política de España, desde el triunfo en las elecciones de noviembre de 1933 del Partido Radical, fueron varios los acontecimientos que contribuyeron el creciente descontento de la clase obrera en todo el país.

El partido de Alejandro Lerroux con el apoyo de la coalición de derechas (CEDA) de Gil Robles, procedió a lo que se denominó la “rectificación de la República”, derogando una serie de disposiciones legales que ha recogido el profesor David Ruiz[16]:

–    Concesión  de Amnistía a los complicados en la sublevación de Sanjurjo.

–    Confirmación del pago de haberes al clero.

–         Derogación de la Ley de Términos Municipales. Devolución de las fincas     expropiadas, sin indemnización.

–         Abolición de los Decretos de Intensificación de Cultivos. Provocando el desahucio automático de casi 30.000 “yunteros”.

Además se congelaron una serie de medidas adoptadas anteriormente como la disposición reguladora de Salario Mínimo, y se intentó obstruir las acciones de  regiones que  habían obtenido un Estatuto de  Autonomía, como Cataluña que lo había alcanzado en 1932, o el País Vasco que estaba en vías de conseguirlo.

Así, el Gobierno declaró inconstitucional la Ley de Cultivos que había promulgado la Generalitat de Cataluña. Fue lo que se conoció como el conflicto Rabassaire. Los rabassaires eran pequeños propietarios agrícolas que trabajaban sus tierras además de las de otros, en calidad de arrendatarios. Éstos buscaban en el gobierno autónomo una ley de reforma agraria que limitase y fijase el tipo de renta, de manera que se garantizase la permanencia de los arrendatarios a las tierras que cultivaban y les facilitase el acceso a la propiedad del precio que trabajaban. Los grandes propietarios ante el temor de ver restringidos sus derechos buscaron en el gobierno central la manera de anular la ley del parlamento catalán.

En Euskadi, el Gobierno obstruye el Estatuto de Autonomía, lesiona los Erarios municipales con impuestos y además encarcela a una serie de alcaldes y concejales. Ante esta situación, se lleva a cabo la Asamblea de  Zumárraga, en la que el PNV decide estrechar relaciones con los catalanes y los socialistas del ala de Indalecio Prieto.

En Asturias, nos encontramos en primer lugar con causas de tipo económico. Existía una gran recesión en la industria minera por culpa de la competencia con el carbón inglés, de mayor calidad, y que solo se había visto reducida durante la I Guerra Mundial, en la que la minería española se había beneficiado de su condición de país neutral, lo cual le había permitido colocarse en una situación de cuasimonopolio en el mercado europeo internacional.

Gracias a esta circunstancia se creó una ilusión de recuperación durante el periodo bélico en el cual se abrieron nuevas explotaciones a pesar de que eran poco productivas. Con el fin de la guerra europea se va a originar una gran crisis que se agravará, aun más si cabe, con el crack de 1929.

La postura del SMA durante este periodo será, sin embargo, moderada y reformista gracias, sobre todo, a la actitud de su líder Manuel Llaneza.

Durante el primer tercio de siglo (Llaneza murió el 24 de enero de 1931) el sindicato minero se mantuvo en una línea reformista confiando en la congelación de los salarios a cambio de que se mantuvieran los puestos de trabajo. Llaneza buscaba que los obreros  sacrificaran  sus reivindicaciones a cambio de que también se sacrificaran los patronos y propició una acción política que se basaba en una modernización de la industria con la ayuda del estado.

Tras su muerte, en vísperas de la proclamación de la República, terminó una época en la dirección del sindicato minero socialista:

“Con Llaneza murió, de hecho, una trayectoria del Sindicato Minero, definida como reformista e incluso como colaboracionista, pero a la que, justamente, habría que añadir un calificativo más, en función de las peculiaridades del sector hullero en Asturias: realista. Casas del pueblo, publicaciones, bibliotecas obreras, el Orfanato, etc., nutrieron una biografía apretada de lucha, cuyos objetivos, al margen de posibles errores coyunturales, se cifraron en la dignificación de la clase trabajadora, sin necesidad de recurrir a soluciones extremas que hubieran podido desencadenar la clausura de las explotaciones asturianas, sin mayor quebranto para los intereses de la oligarquía española. Llaneza supo guardar un equilibrio y unas formas que anticiparon en su tiempo cauces de negociación sindical impuestas con el paso de los años. En su vida pública reiteró hasta la saciedad que la máxima conquista revolucionaria –la verdadera revolución, según el- era la que pasaba por la cultura y elevaba la condición humana del asalariado. Una vez conseguido el Orfanato Minero, su proyecto, ya anunciado en los años 20, consistía en la creación de dos universidades obreras en Langreo y Mieres.”[17]

¿Cómo se llegó a una radicalización tan profunda de la postura obrera en un periodo de tan solo tres años?, la primera respuesta está en el desencanto de los trabajadores ante la II República tras la victoria de las derechas en las elecciones de 1933.

La postura reformista impuesta por Llaneza al sindicato minero implicó que la política de diálogo con los empresarios e incluso con Miguel Primo de Rivera durante la dictadura resultara impopular, en los años previos a la proclamación de la República la afiliación del SMA pasaba por sus momentos más bajos.  El sindicato estaba perdiendo apoyo desde 1920 y en 1927-1928, este llegó al nivel de afiliación más bajo con lo que su representación de los obreros asturianos se redujo a un 25’9 %[18], los socialistas acusaban la fuerte competencia de los sectores obreros más radicales como los anarquistas y los comunistas, estos últimos se agrupaban en el, todavía ilegal, Sindicato Minero Unificado. El sindicato comunista sería legalizado en 1930 lo que supuso un gran desafío para los reformistas  socialistas, pero la proclamación de la República y el fracaso de la huelga comunista en junio de 1931 afianzó la credibilidad del sindicato minero.

La llegada del nuevo régimen representó para la mayoría de los obreros españoles un nuevo periodo lleno de expectativas, esto se significó de una manera especial en Asturias:

“Las muestras de júbilo no tardaron en expresarse en las calles. En las cuencas mineras, los trabajadores abandonaron las explotaciones e improvisaron marchas por los pueblos. (…) Miles y miles de personas llenaron las plazas de los principales núcleos de la región, con cantos de libertad: La Marsellesa, el Himno de Riego e, incluso, La Internacional. Gaiteros y bandas de música irrumpieron en ciudades y villas. El primer acto público celebrado en Mieres fue una marcha cívica hasta la tumba de Manuel Llaneza, muerto tres meses antes. Los rótulos de las calles dedicados a personajes y motivos del régimen derrocado fueron sustituidos por improvisadas pintadas populares”[19].

En este marco los mineros más radicales se incorporan al sindicato socialista, cuando la Républica incumpla estas expectativas el resultado inevitable será una radicalización del sindicato y del socialismo asturiano en su conjunto.

En el desencanto ante la República intervienen dos factores:

–         Por un lado hay un aumento de la crisis con lo que se suceden los despidos y las reducciones salariales, en algunos casos se llega a semanas laborales de tres días. La debilidad del estado para hacer frente a la crisis del carbón y el retraso de la burguesía “hace inviable el proyecto modernizador pese a los sacrificios reales soportados por los trabajadores”[20]. Los trabajadores responderán con una serie de huelgas espontaneas y una radicalización de las bases del sindicato a la que seguirá la de los dirigentes, el cenit llegará con la huelga general de 1932.

–         Por otra parte la victoria de las derechas en las elecciones de 1933 es vista por las clases obreras como el primer paso para la aniquilación del régimen republicano y el ascenso al poder de un gobierno de corte fascista en vista de los ejemplos de Italia y Alemania donde los partidos fascista y nazi, respectivamente, había llegado al poder de forma legal tras unas elecciones.

Es especialmente interesante para nuestro estudio este punto ya que será la prensa obrera, como veremos en el capítulo siguiente,  la que influirá de forma decisiva en la percepción que el proletariado asturiano tiene del auge del fascismo en Europa. ”Quienes se rebelan en Octubre piensan que la legitimidad republicana es incompatible con la llegada legal del fascismo al gobierno, y obran en consecuencia”.[21]

El ejemplo de lo sucedido a los socialistas austríacos  durante la anexión de Austria al III Reich fue decisivo para los trabajadores asturianos que, incluso, llevaron a cabo una huelga en solidaridad con sus camaradas perseguidos.

La preocupación del socialismo español por el ascenso de los fascismos tanto en Italia como en Alemania queda atestiguada por el testimonio del que en aquellos momentos era vicesecretario del PSOE, Juan-Simeón Vidarte:

“En 1921, los partidos liberales italianos, comprendiendo que el triunfo del fascismo no solo acabaría con los socialistas, sino con ellos y las libertades italianas, propusieron a éstos una alianza para integrar un gobierno liberal-socialista que salvase a Italia de la guerra civil y del fascismo. Pero la izquierda del Partido Socialista se opuso a esta alianza y se formó un Gobierno liberal, (…) los “squadristi”, tropas de choque fascistas, se fueron apoderando de los grandes baluartes socialistas de Bolonia, Milán, Nápoles. (…) Se lanzó a las masas a una huelga general que, a pesar de la participación en ella de todos los sindicatos socialistas, fracasó. Ya era demasiado tarde.

(…) Una ola de persecuciones y de terror empezó a extenderse por Italia:  los sindicatos, los partidos políticos, los centros culturales fueron cerrados, o sus directivos sustituidos por fascistas.

(…)Al hilo de nuestra historia, en 1934, Mussolini llevaba doce años en el poder y los socialistas que pudieron salvarse, entre ellos el gran amigo de España Pietro Nenni, vivían en el destierro.

(…) Los casos de Italia y de Alemania habían sido ejemplos para los socialistas españoles, pero también para nuestros adversarios. El socialismo español sin fuerzas ni posibilidades aparentes para tomar el poder en abril de 1931, unió sus fuerzas poderosas y bien organizadas a las de los diferentes grupos republicanos (…) la República española estaba también en crisis, en las mismas circunstancias en que se había encontrado las Weimar hacía dos años y, como nueva lección para nosotros, acababa de caer la democracia socialista en Viena.

(…) El Partido Socialista austríaco era, comparativamente, el más fuerte del mundo. En las elecciones generales había obtenido el 42% de los votos y en Viena, las dos terceras partes del Consejo municipal. A partir de 1927, la ciudad había sido totalmente transformada. De sus escasos 2.000.000 de habitantes, más de 500.000 eran miembros efectivos del Partido. Las viviendas construidas por el municipio –modelo de higiene y de confort- , las clínicas, sanatorios, gimnasios, escuelas, Kinder-gartens, jardines, espectáculos gratuitos, bibliotecas, bloques de casas como los “Carlos Marx” y “Federico Engels” eran orgullo de la ciudad y admiración de sus visitantes. Había sido eliminada la miseria y los obreros, con altos salarios y cubiertas todas sus necesidades por cuantiosos seguros, estaban a la cabeza de todos los del mundo.

Las derechas, contando, principalmente, con la burguesía, los terratenientes y la clase media, también se habían organizado y sus fuerzas eran equivalentes en algunas elecciones parlamentarias. El Partido Social-cristiano y el Socialista tenían fuertes milicias armadas, cuyo armamento procedía, en gran parte, de la primera guerra europea. El jefe del Partido Católico era Seipel y su brazo derecho, Engelbert Dollfuss.

(…) Dollfuss, ya al frente de los socialcristianos, logró ser designado canciller y empezó a gobernar por decreto. El cuerpo de defensa socialista fue disuelto y la administración municipal de Viena privada de importantes recursos económicos.

(…) Otto Bauer [22] sabía que el choque iba a ser inevitable y decisivo. Dollfuss había suspendido el Parlamento – porque en él sólo tenía un voto de mayoría- y anunciado públicamente su plan de abolir para siempre la democracia parlamentaria y hacer de Austria un Estado cristiano, corporativo-federal. El Partido Socialista dio instrucciones a sus organizaciones para lanzarse a la insurrección armada y a la huelga general si algunas de sus posiciones claves eran atacadas, considerando como tales ataques que el partido o los sindicatos fuesen disueltos, que se arrojara a los socialistas de la municipalidad de Viena o que se intentara imponer una Constitución fascista.

Las fuerzas armadas de Dollfuss empezaron la lucha en la ciudad de Linz, con un golpe de mano, y entonces los socialistas austríacos ordenaron la insurección. Los electricistas – señal convenida- iniciaron la huelga general. Pero ésta nació desordenada, caótica. Los grandes depósitos de armas no pudieron utilizarse por haber sido detenidos de improviso todos los líderes obreros de alguna significación, entre ellos los que conocían los lugares donde se encontraban esos depósitos. Las llamadas ciudades “Carlos Marx” y “Federico Engels” fueron bombardeadas por la artillería, que abrió fuego contra viviendas donde se alojaban decenas de miles de trabajadores.

(…) La lucha duró en Viena cinco días. Sólo desolación y ruinas quedaron de aquellas magníficas barriadas obreras. Otto Bauer y Deutsch pudieron refugiarse en Checoslovaquia. Koloman Wallisch y diez insurgentes fueron ahorcados en la plaza pública; uno de ellos, gravemente herido fue conducido a la horca en una camilla. El régimen católico-fascista había entronizado el terror en Austria.”[23]

En este contexto europeo y gracias a la información que el periódico socialista Avance ofrecía a sus lectores sobre los acontecimientos de Italia y Alemania, los obreros asturianos decidieron lanzarse a la conquista del poder político ante el temor de que más adelante fuera, como para sus compañeros austríacos, demasiado tarde.

Una de las interpretaciones históricas clásicas de los sucesos de Octubre en Asturias es la de la ortodoxia marxista representada, fundamentalmente, por el Komitern de Moscú. Según esta interpretación los obreros asturianos habían triunfado donde el resto de los españoles habían fracasado al ponerse en la vanguardia del proletariado europeo en un momento en el que los partidos obreros del continente habían optado por la colaboración en los sistemas parlamentarios tras la I Guerra Mundial. Para la visión marxista clásica los mineros asturianos eran los únicos en España que habían pasado de ser clase en sí a clase para sí. Esta idea tiene que ver con el concepto desarrollado por Marx de conciencia de clase, según el cual por tratarse la región asturiana de una de las primeras españolas en contar con una red de infraestructuras industriales  el grado de proletarización de los trabajadores asturianos le había llevado a optar por una dinámica revolucionaria al madurar esa conciencia de clase.

Sin embargo, un análisis sociológico de las características de los obreros asturianos desmienten esta interpretación.

Hemos visto hasta ahora que el contexto histórico europeo, con los ejemplos de la Revolución rusa y el ascenso de los fascismos, deja al proletariado asturiano con una visión extremadamente polarizada de la realidad, donde solo encuentran dos opciones: o la revolución o el fascismo, por lo que existe un alto grado de tensión social que les va a empujar a la opción revolucionaria.

Por otro lado, los obreros asturianos no constituyen en realidad un proletariado maduro según la concepción marxista sino que, al contrario, entre los trabajadores de la región prima, hasta la llegada de los emigrantes después de la I Guerra Mundial, el llamado obrero mixto. En efecto, la mayor parte de los mineros que trabajan en Asturias durante el primer tercio de siglo, se trata de trabajadores de procedencia agrícola, que con frecuencia compaginan su trabajo en las minas con labores en pequeños huertos de sus casas o con algunas pocas cabezas de ganado. En su libro “Hacia la revolución”, Adrian Shubert describe las dificultades que tenían los patronos en los inicios del siglo para convencer a los trabajadores de que aceptaran las horas extras, ya que normalmente tras el trabajo acudían a sus pequeños huertos como respaldo a su economía.

En este sentido, Ludolfo Paramio[24] expone: “Lo que se pretende es concluir que la cultura política dominante entre los mineros difícilmente podía ser una conciencia de clase proletaria madura. En tal sentido, pretender explicar la revolución del 34 mediante la identidad entre conciencia de clase y conciencia revolucionaria es insostenible. (…) quizá fue precisamente su inmadurez como clase lo que llevó a los mineros asturianos a tomarse literalmente la retórica revolucionaria.”

Respecto a las denominadas “diferencias asturianas” ha habido a lo largo del tiempo explicaciones para todos los gustos desde, incluso, los años inmediatamente posteriores al acontecer de los sucesos revolucionarios.

La “vox populi” extendió por toda la geografía española el lema “Lengua a la catalana, gallina a la madrileña y huevos a la asturiana” o viceversa según las preferencias del narrador; Durruti desde la cárcel aducía que “los socialistas asturianos son diferentes”, sin embargo, no era cierto, de hecho como hemos visto la gran mayoría del socialismo asturiano era reformista y procedía del ala prietista del partido; tras la revolución la prensa conservadora fomentó el mito del Turquesa exagerando la importancia del alijo de armas, pero tampoco está aquí la causa ya que la mayoría de ellas fueron incautadas por la Guardia Civil; Calvo Sotelo en el debate parlamentario de noviembre de 1934 atribuyó al periódico Avance el papel de gestor del movimiento revolucionario de Asturias, y aunque en nuestra opinión el diario dirigido por Javier Bueno tuvo un papel importante en el desarrollo de la radicalización de los obreros asturianos no se trata de la causa fundamental.

La principal “diferencia asturiana” que marcó el triunfo de la opción armada en Asturias no fue otra que la Alianza Obrera.

Mientras se prepara la insurrección se plantea una táctica defensiva en la que se busca evitar la huelgas y la confrontación directa con las fuerzas gubernamentales para tratar de impedir el desgaste del poder de los trabajadores mientras clandestinamente se prepara el armamento e Indalecio Prieto conspira “decimonónicamente” con algunos militares. Esta actitud de abandonar la lucha sindical en beneficio de la preparación de la insurrección armada no pudo evitar el estallido de numerosas huelgas en las que las fuerzas gubernamentales aplicaron  una violenta represión contra las estructuras sindicales.

No fue este el caso de Asturias, de febrero a octubre tuvieron lugar en la región seis huelgas generales. Estos movimientos fueron o bien cortos y exitosos como la huelga en solidaridad con los socialistas austríacos o la huelga general en protesta por la concentración de las juventudes de la CEDA en Covadonga, o bien con un eje solidario que les permitiese mantenerse como la huelga del Sotón. Para Paco Ignacio Taibo II[25]: “Fue 1934 un año de lucha de clases constante, establecido sobre la base de pequeños enfrentamientos y huelgas generales cortas, que permitieron que el movimiento llegase a las vísperas de Octubre en la plenitud de su fuerza, con gran confianza y extraordinariamente unido.”

La alianza obrera asturiana agrupaba a socialistas, comunistas, anarcosindicalistas y comunistas de izquierda agrupando a todo el  movimiento obrero de la región. Esta unidad tuvo como efecto infundir en los trabajadores la sensación subjetiva de su capacidad de poder y les dotó de una gran confianza en sus propias fuerzas. La alianza acabó con las luchas intestinas entre las diferentes fuerzas obreras, verdadero mal endémico de las agrupaciones de izquierdas, y consiguió que a lo largo de 6 meses afiliados de distintas opciones comenzaran a confiar los uno en los otros para preparar la insurrección en la que lucharían juntos.

La alianza obrera triunfó solamente en Asturias, ya que aunque el comité revolucionario central (socialista) había permitido establecer alianzas con otros grupos obreros, solo los anarquistas asturianos se mostraron dispuestos a cooperar.

El programa de la alianza se publicó el 1 de Abril en el diario Avance, siendo sus objetivos los siguientes:

1)     Luchar abiertamente contra el fascismo que intenta imponer sobre el pueblo su característico sistema de opresión, acabando con las organizaciones de clase y con las escasas libertades y derechos establecidos en la nación.

2)     Realizar amplia labor de oposición a todo propósito de guerra en lo que se refiere al conjunto de los países del continente europeo como igualmente en lo que afecta al problema colonial en África.[26]

Cuando los comunistas del Sindicato Único entraron en la alianza faltaban pocas horas para el estallido de la revolución.

3. El papel de la prensa

La victoria de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933 representó un aumento de la tensión social que tuvo un gran reflejo en la prensa.

La política autoritaria y regresiva del nuevo Gobierno parecía dar la razón a aquellos sectores que pensaban que el pacto entre la CEDA y el Partido Radical se trataba de un verdadero “caballo de Troya” para acabar con la República desde dentro.

Un ejemplo de este autoritarismo, que hizo temer a la oposición que buscasen dar un golpe de Estado similar al de los nazis en Alemania, fue la declaración del estado de alarma en diciembre de 1933, que, apoyándose en la Ley de Orden Público, acarreaba la imposición de censura previa. Esta medida fue sufrida de manera casi constante por la prensa española y de forma ininterrumpida en una primera etapa del Bienio Negro hasta marzo de 1934[27].

Después de los sucesos de octubre la prensa de la oposición sufrió el cierre y la censura y  solo desde la prensa conservadora  pudo ofrecer libremente su visión claramente reaccionaria de lo ocurrido en Asturias.

Los periódicos que desde Asturias informaron acerca de la creciente tensión que se venia viviendo en la provincia eran de varias tendencias[28].

Por un lado la prensa conservadora representada por los diarios Región y El Carbayón.

Región encarnaba la extrema derecha y representó la actitud más hostil hacia el régimen republicano mostrándose como portavoz de la burguesía regional menos dinámica. El diario había sido fundado en 1923 por Bernardo Aza, que fue candidato por Acción Popular en las elecciones de 1933.

El Carbayón, un periódico tradicional ovetense, mantuvo una posición moderada, apoyando a un régimen capaz de mantener el orden. Uno de sus directores más destacados fue Maximiliano Arboleya[29].

Desde Madrid las posiciones conservadoras estaban representadas por el ABC que no ocultaba su hostilidad hacia el régimen republicano y por el diario El Debate publicado por la Editorial Católica que con frecuencia mostraba sus simpatías hacia los regímenes fascistas de Italia y Alemania.

También en Asturias se edita el periódico El Noroeste, de matiz republicano en un inicio, democrático después y por último reformista.

Por último está el diario socialista Avance al que, por su importancia, dedicaremos más espacio.

Avance fue fundado en 1931 y era financiado por el Sindicato Minero Asturiano. Javier Bueno[30] asumió su dirección en 1933 y estableció una red de corresponsales a través de toda la cuenca minera así como un perfecto sistema de distribución. El diario llegaba a las zonas más recónditas de las cuencas del Nalón y del Caudal, a las puertas de las fábricas de Gijón y de Aviles e incluso a las zonas rurales. Tenia una tirada diaria de 25.000 ejemplares y “gozaba de tanta popularidad entre los mineros que a veces éstos rehusaban entrar en la mina antes de que hubiera llegado el número del día”[31].

Avance influyó de manera decisiva  en la formación de la opinión de los trabajadores respecto al contexto de la actualidad tanto nacional como internacional, el diario desarrolló las informaciones acerca de la disposición de los gobiernos radicales a paralizar y deshacer la obra reformista del anterior Gobierno constituyente; el reagrupamiento de las derechas para presentarse a las elecciones; las alarmantes noticias de la Alemania nazi en el plano internacional, las persecuciones a socialistas y comunistas, las noticias del incendio del Reichstag, el aumento del peligro fascista en España.

Ante este panorama el diario socialista planteo a sus lectores una sola alternativa: la Alianza Obrera. Esta sería la clave no solo para alcanzar el poder político sino para sobrevivir, quizá si esperaban sería demasiado tarde.

Avance sufrió la censura y la persecución del gobernador civil Blanco Santamaría que ordenó el secuestro de la publicación en 62 días sobre 82 ediciones[32]. Ante la represión de las autoridades el periódico se mostró como un ejemplo ante sus lectores: “A las recogidas policiales respondió creando redes de distribución espontaneas en las que se apoyaba en la complicidad entre el diario y  sus lectores; a los intentos de censura respondió atacando a los censores, haciendo dobles ediciones, burlando los mecanismos represivos. Cuando se intentó impedir que se distribuyera en los cuarteles, editó manifiestos dirigidos a los militare. A las multas, con suscripciones populares; a las detenciones de su director, Javier Bueno, respondió organizando visitas masivas a la cárcel, publicando denuncias del periodista sobre las condiciones de vida en la Cárcel Modelo de Oviedo. (…) Así, el diario produjo una huelga minera cuando se trató de impedir su distribución, llegó a imprimir 50.000 ejemplares en un número extraordinario el 1 de mayo y mantuvo una media de 25.000 ejemplares”[33].

Con la radicalización de su postura el órgano del sindicato socialista minero atrajo a los lectores comunistas y anarcosindicalistas.

Un ejemplo del cambio en la actitud del diario respecto a la actualidad  esta en la diferente posición editorial dos artículos; en el primero en agosto de 1932 Avance explica como cree que deben desarrollarse las relaciones entre los trabajadores y los empresarios: “Obsérvense y cúmplanselas normas de trabajo en vigor y habremos llegado al establecimiento de un sistema de civilidad y comprensión de la lucha social, manteniendo la polémica en ese cuadro natural en que la coloca el antagonismo lógico de intereses que existen entre patronos y obreros, pero que no es una lucha de negreros y africanos; que no debe ser tampoco una pugna entre tirano y esclavo, sino simplemente la discordancia entre el obrero que aspira a un mejor y más humano vivir y el patrono que, comprensivamente, desea obtener un rendimiento  prudencial a un capital invertido. De una lucha en este espíritu orientada, es siempre fácil que surja un punto de coincidencia sin llegar a producir gran extorsión a ninguno de los puntos que se debaten.

Así es como nosotros entendemos la lucha de clase; así es como nosotros la aconsejamos y de ese  mismo modo queremos practicarla.[34]

En marzo del año siguiente las cosas se veían de otro modo como demuestra este articulo del diputado socialista Teodomiro  Menéndez: “ No sé lo que pensarán los republicanos. Lo que sí puedo decir es que el partido socialista y nuestra potente UGT se disponen ya a la lucha. Los ejemplos de Alemania e Italia son álta y trágicamente aleccionadores (…) Cuanto con titánico esfuerzo hemos conquistado tanto en el orden social como en el político será guardado y defendido con acciones supremas de pasión y heroísmo. Al grito de la República está en peligro, nuestras fuerzas políticos y nuestros cuadros sindicales se lanzarán a una lucha que pudiera tener caracteres de epopeya.[35]

Las palabras del diputado socialista resultarían ser proféticas. A finales de ese año ante el temor de que la CEDA imponga una dictadura fascista desde el gobierno el socialismo se decanta por la revolución: “Las derechas han triunfado en España con un solo objeto: dar batalla a la clase trabajadora (…) Se atacan los intereses de los obreros en una zona reducida para que el hecho repercuta en los sindicatos y estos se apresten a la defensa. Después intentarán aplastarlo todo (…) Los trabajadores ya se cansarán del tira y afloja de las conquistas parciales, y estarán dispuestos a llevar su acción más allá de la defensa de sus intereses. Llegarán a la conquista absoluta del poder del estado para regular su trabajo y establecer el socialismo en el país.[36]

La influencia de los sucesos de la Alemania nazi había tenido, como hemos visto hasta ahora, una importancia radical en la actitud de la izquierda, lo cual, como es lógico, tuvo su reflejo en la prensa. Así, en enero de 1934 la prensa de la CEDA se felicitó por la nueva ley de Hitler sobre la reglamentación de la mano de obra y El Debate dedicó un suplemento dominical a la política agraria nazi.[37]

En un editorial de ABC en marzo de 1933 Ramiro de Maeztu escribe:  “Las muchedumbres están en la política. (…) y hay que dirigirlas. Y esto es lo que hace Hitler como nadie. (…) Probablemente se trata de que Dios le ha dotado del don de profecía, de una parte, y del don del mando, de la otra. (…) Por eso no hay libro alguno que enseñe a apreciar mejor las realidades políticas del centro de Europa que el suyo, Mein Kampft (Mi lucha). La noche del incendio del Reichstag, los políticos de la camarilla que hace unos meses pretendía soslayar a Hitler han debido sentirse muy pequeños, como si las llamas iluminasen la cruz esvástica en el cielo. [38]

La prensa asturiana también se hizo eco de los sucesos en Alemania y Austria durante la anexión al III Reich:

Los nazis se sublevan contra Dollfuss

Ayer se desarrollaron en Viena gravísimos sucesos, durante los cuales se dice que fue asesinado el canciller Dollfuss y hecho prisionero el gobierno

“(…) Y la unión de Alemania y Austria es la amenaza de guerra más difícil de conjurar de las que pueden fraguarse en Europa .”[39]

Ayer falleció en Neudeck el presidente de la República Alemana, general Hindengurg, con lo cual se agrava la intranquilidad de Europa

“Aboliendo la ley dictada anteriormente por el propio Gobierno, se ha proclamado Presidente del Reich al Canciller Hitler, el cual quedó nombrado jefe supremo de las fuerzas de Mar y Tierra”[40]

–         El pueblo alemán refrenda, con una mayoría aplastante de votos, el nombramiento de presidente-canciller del Imperio a favor de Hitler

“(…) Todas las ciudades y villas alemanas aparecieron engalanadas. La afluencia en las urnas ha sido enorme, sin que se registrase  el menor incidente.”[41]

La concentración en Covadonga de las Juventudes de Acción Popular (J.A.P) era percibida por los trabajadores asturianos como un espectáculo de masas similar a las concentraciones nazis. En El Carbayón se publicaron los puntos de la organización que incluían cuestiones como: “Disciplina, Los jefes no se equivocan”,  “Fortaleza de la raza, educación premilitar”, “Antiparlamentarismo, antidictadura. El pueblo se incorpora al Gobierno de un modo orgánico y jerárquico, no por la democracia degenerada”[42].

Avance hace un amplio despliegue de información sobre el peligro que supone la “rectificación de la República”:

– En defensa del laicismo publica:

El proyecto que presentó el ministro de Justicia sobre las asignaciones al clero afecta a jerarquías superiores a la de párroco:

Supone más de veinte millones de pesetas[43]

Ya cobran los curas.

Ha quedado definitivamente liquidado el laicismo de la República[44]

–         Respecto a la concesión de amnistía a los conjurados con Sanjurjo:

Sanjurjo, en libertad; el Gobierno, dimitido; las derechas, amotinadas, y en la cámara se dan vivas al Rey.

“El pintoresco documento ha provocado la crisis total. (…) La situación es tan grave, que la clase trabajadora debe estar sobre aviso”[45]

– Sobre el autoritarismo del gobierno:

Ya está infringida la constitución y aniquilada la obra de las constituyentes

“(…) Véanse cuán difícil resulta oponerse de buena fe a la tendencia de que el proletariado se adueñe del Poder político. Incluso para defender una constitución como la actual, constitución burguesa (…)[46]

A la prensa mordaza; al obrero, represión

El gobierno se dispone reprimir una huelga general

Se establece la previa censura para la prensa[47]

Los preparativos de la insurrección no pasaron desapercibidas para las autoridades pese a las precauciones de los mineros. Así desde la prensa se informa  a menudo de registros en las fábricas y locales sindicales:

Ayer se practicaron registros en las Casas del Pueblo de Sama, Laviana, y Barredos y fue clausurada la Oficina Jurídica del Sindicato minero en Sama[48]

Sobre el descubrimiento del alijo de armas del “Turquesa”, encontramos la crónica de El Carbayón:

De madrugada fue descubierto un importante alijo de armas y municiones en San Esteban de Pravia

“Como complicados en este asunto, han sido detenidos 23 individuos, figurando entre ellos significados socialistas. Los señores González Peña y Amador Fernández no fueron detenidos por haber alegado su condición de diputados.”[49]

Sobre la persecución a la prensa obrera Avance publicaba: “Como protesta por la recogida de que se hace objeto Avance, no entraron ayer al trabajo los grupos mineros de Barredos (…) Los obreros se reunieron y acordaron, por unanimidad, solidarizarse en todo con la actitud del periódico Avance y con su director, Javier Bueno (…)”[50]

No existen casi documentos que atestigüen el papel del medio radiofónico durante los sucesos revolucionarios. Hay testimonios orales[51] sobre consignas en la radio para que los afiliados a los partidos se movilizaran tras oír una determinada marca de coches. Durante la revolución los insurrectos se incautaron de varias emisoras desde las que, durante una o dos horas al día,  se afirmaba que la revolución había triunfado en toda España y que solo quedaban núcleos de resistencia  gubernamental en Madrid y Córdoba.

A este respecto el vicesecretario del PSOE, Juan-Simeón Vidarte afirmó: “(…) el hecho de que Radio Barcelona estuviera transmitiendo toda la noche noticias favorables a la Generalidad, (…) sirvieron para dar ánimos a los revolucionarios de Asturias y León (…)”[52].

Tras la revolución las principales cabeceras republicanas, obreras y catalanistas sufrieron cierres más o menos prolongados, se suspendieron Avance en Oviedo, Euzkadi Roja en San Sebastián, La nació catalana, L’Opinió, L’Humanitat, y La camapana de Gracia en Barcelona, además de El Heraldo de Madrid, mundo Obrero y El Socialista en la capital de España.

La censura estuvo vigente hasta enero de 1936, quedando además prohibido que las publicaciones dejaran cualquier rastro visible de la acción de la censura, además la CEDA presentó un proyecto de Ley de Publicidad en las cortes en febrero de 1935 con el fin de corregir los “abusos” y las “ilegítimas demasías” de la prensa de la oposición[53], sin embargo, el rechazo de la mayor parte de la prensa impidió que se llevara a cabo.

La represión afectó también a los periodistas de la prensa de izquierdas. El director de Avance, Javier Bueno fue obligado a comerse los artículos suyos que traía el último número de periódico, y junto a otro compañero tuvo que cavar una fosa en la que los amenazaron con enterrarles[54]. Pero el caso más sonado fue el del asesinato del periodista Luis de Sirval, seudónimo de Luis Higón Rosell, redactor de La Libertad de Madrid. Luis de Sirval fue asesinado en la cárcel de Oviedo a finales del mes de octubre tras ser detenido por un tribunal militar mientras informaba sobre la represión desencadenada en Asturias.[55]

Después de octubre solo tenemos testimonios periodísticos de la prensa conservadora, así se ofrece una información muy afectada por lo reciente de los sucesos y en la que en muchos casos es pura propaganda por lo que la estudiaremos más profundamente en el capítulo siguiente.

ABC se centrará en la destrucción que había causado la lucha:

La sedición en Asturias sofocada

“Las columnas que operan sobre Oviedo cubrirán antes del mediodía de hoy todos sus objetivos. La columna de África, después de pacificar Gijón, avanza sobre Oviedo”[56]

La trágica realidad de la revolución supera todo relato[57]

La total pacificación de Asturias

“Las noticias de las últimas operaciones realizadas por las tropas, que dan por sofocada la revolución en Asturias, han producido gran júbilo en esta ciudad (Oviedo)”[58]

Catorce niños de Olloniego pasaron varios días alimentándose únicamente de castañas que buscaban en el monte[59]

Por último en diciembre Gonzalez Peña se entrega a la Guardia Civil con lo que termina la resistencia desesperada de los más comprometidos con la revolución que habían huido a los montes. Así lo recoge El Noroeste:

Ayer de madrugada fue capturado en Ablaña el cabecilla socialista de la revolución, González Peña.

“La captura de Ramón G. Peña ha hecho que en todas partes renazca la tranquilidad, pues aún se tenía el presentimiento por muchas gentes de que los hechos se pudieran reproducir instigados por este alentador de masas.”[60]

La información había dejado de tener lugar, las posiciones se radicalizaron  aún más si cabe y comenzó la “leyenda negra” de Asturias.

4. Acciones de propaganda

En su libro, Alejandro Pizarroso define propaganda como: “la expresión de una opinión o una acción por individuos o grupos, deliberadamente orientada a influir opiniones o acciones de otros individuos o grupos para unos fines predeterminados”.[61]

La utilización de mensajes persuasivos es fundamental para nuestro estudio, ya que hemos visto en páginas anteriores que la opinión de los trabajadores asturianos pasó de una visión reformista (bajo la dirección sindical de Manuel Llaneza) hasta la opción más radical de conquistar el poder por la fuerza en un lapso de tiempo extremadamente corto.

Consideraremos propaganda cualquier mensaje distorsionado de una manera intencional con un propósito persuasivo: desde el rumor hasta las concentraciones políticas de tipo totalitario pasando por el uso de panfletos o de la misma prensa.

También tendrán cabida en este capítulo las canciones que cantaban los insurrectos tanto durante los días de lucha como durante la represión. El “Octubre asturiano” pasó a ser, como es lógico, un elemento propagandístico más para las organizaciones de izquierda años después durante la Guerra Civil.

Respecto a la situación de la prensa durante el “bienio negro” ya hemos hablado del autoritarismo del Gobierno contra los medios escritos. Pizarroso afirma: “No dejan de ser un medio de propaganda los inhibidores de la comunicación. La censura está íntimamente ligada a la actividad propagandística (…) Todo fenómeno de propaganda genera inevitablemente uno de contrapropaganda. La censura controla esta para magnificar aquella.”[62]

De este modo podemos considerar la aplicación del Gobierno radical-cedista la aplicación de la Ley del Orden Público que implicaba la imposición de la censura previa. Además del decreto del 2 de noviembre de 1934  por el que quedaba prohibido que las publicaciones dejaran rastro visible de la censura “los típicos espacios en blanco, puntos suspensivos, etc.-, aparte de un entrefilete de “Visado por la censura” que debía publicarse en todos los números en el mismo sitio, para evitar que el público pudiera reconocer los textos censurados”.[63]

Hemos hablado también de la fascinación que supuso la Alemania nazi en un sentido u otro a la hora de comprender el desencadenamiento de la revolución de octubre en Asturias. El régimen de Hitler supo utilizar todos los medios modernos a su alcance para su llegada y mantenimiento en el poder. Será en Alemania donde se creé un Ministerio de Propaganda y los fascismos de toda Europa utilizaron los desfiles y concentraciones además de la radio.

La República española no escapó a esta fascinación como se deduce del frustrado proyecto de creación de un organismo de propaganda que se desprende de esta carta del embajador de la República en Berlín, Luis Araquistáin al ministro de Estado, L. De Zulueta en marzo de 1933: “El Gobierno alemán acaba de crear el nuevo Ministerio de Propaganda e Ilustración del Pueblo (Ministerium für Propaganda und Volksaufklärung). Independientemente de los fines políticos de este organismo, considero de sumo interés que se haga un detenido estudio técnico de su organización y funcionamiento, que ya ha esbozado el ministro titular, Sr. Goebbels, e unas declaraciones a la prensa, dividiendolo en cinco secciones: 1ª La radiodifusión; 2º La Prensa; 3º La propaganda activa; 4º El cinematógrafo; 5º El teatro y la educación del pueblo.(…) es evidente que la creación en España de una Subsecretaría o por lo menos de una Dirección General que reuniese y coordinase los servicios de información y propaganda ahora dispersos en distintos departamentos, con daño para su economía y su eficacia, contribuiría  poderosamente a la divulgación, dentro y fuera del país, de la obra republicana y la consolidación  definitiva del régimen.”[64]

Pero sería la CEDA de Gil Robles la que imitaría con más perfección la maquinaria propagandística de Goebbels. En 1933 el dirigente de la CEDA acudió a la concentración de Nuremberg para estudiar sus métodos y aplicarlos en las elecciones de noviembre: ”El uso espectacular que de la radio, prensa y carteles hicieron las derechas legislativas reveló su habilidad y predisposición para manipular el proceso democrático. Se proyectaron películas en pantallas colocadas en camiones y la aviación bombardeó los pueblos más remotos con propaganda.”[65].

Las concentraciones de las Juventudes de Acción Popular resultaban demasiado similares a los mítines nazis como para no verlos con preocupación. La concentración de las J.A.P en el monasterio del Escorial fue visto por las izquierdas como una marcha fascista sobre Madrid similar a la de Mussolini. Para el corresponsal británico Henry Buckley[66] se trataba de la preparación de unas fuerzas de choque fascistas. En El Escorial se reunieron unas 20.000 personas que juraron fidelidad a “nuestro jefe supremo” y aclamaron a Gil Robles como “¡Jefe!, ¡Jefe!, ¡Jefe!” en equivalencia con el duce en Italia. Se afirmó que contra España se alineaban “ judios, heresiarcas, masones, krausistas, liberales y marxistas” y se opusieron a la “democracia degenerada”. A pesar de todo Buckley narra como gran parte de los asistentes reconocía ante la prensa que les habían enviado los caciques de sus pueblos con gastos y viaje pagados.

En Agosto se repitió la escena en Covadonga. Los mineros se declararon en Huelga como protesta y boicotearon la llegada de muchos asistentes poniendo clavos en las carreteras para impedir el acceso de vehículos al lugar de concentración. Había cierto propósito de provocación en estas reuniones masivas como demuestra el hecho del que el ministro de Gobernación Salazar  Alonso afirmara que veía la entrada de la Ceda en el Gobierno como una manera de provocar un golpe revolucionario izquierdista que justificase una ofensiva contrarrevolucionaria para “acabar con el mal”[67].

Durante la preparación de los hechos revolucionarios ya hemos hablado de las conspiraciones de Indalecio Prieto con alguno militares de signo azañista para atraerlos a la revuelta, también hemos hablado de los manifiestos del periódico Avance llamando a la unidad de los soldados con los trabajadores. De hecho durante la revolución el Gobierno se decidió por enviar a Asturias tropas regulares y del Tercio ante el temor de que soldados reclutados para el servicio militar se unieran a los revolucionarios. Un ejemplo de estos textos propagandístico es este que reproducimos a continuación:

¡Soldados! ¡Clase de tropa! ¡Leed “Avance”! ¡Leed periódicos proletarios!

¡Soldados!, ¡Clase de tropa!, dentro de los cuarteles os está prohibido leer periódicos; pero afuera tenéis derecho a leer los que queráis. Leed “Avance”, leed periódicos proletarios, que son vuestros periódicos.

Los periódicos proletarios tienen por misión mostrar a la clase trabajadora su camino en estos días, con la ayuda de todos los trabajadores (con la vuestra que también lo sois) ha de salir un régimen social más justo. (…) No lo olvidéis, la sangre de los trabajadores es vuestra sangre.”[68]

Durante la revolución corrieron varios rumores que podemos calificar de propaganda ya que un rumor consiste en una desinformación o una información sesgada con una intencional. Así, podemos considerar el rumor que extendieron los comunistas desde la dirección del 2º comité revolucionario de que aviones de la URSS acudirían en apoyo de los insurrectos. El periódico ABC lo recoge en un artículo de noviembre de ese mismo año[69] . Otro rumor que tuvo un resultado trágico fue el que se extendió  sobre los Hermanos de la Doctrina Cristiana en Turón, el mayor asesinato colectivo de sacerdotes en el Octubre asturiano, a los que se acusó de mantener prácticas homosexuales con sus alumnos.

A propósito de esta cuestión es necesario detenerse a estudiar la propaganda anticlerical de las organizaciones de izquierda que llevó a la quema de iglesias y el saqueo de los conventos.

Hemos visto en el capítulo anterior los artículos de Avance en defensa del laicismo de la República. Esta era una cuestión principal tanto para republicanos como para izquierdistas que veían en la Iglesia una extensión de las ideas reaccionarias y contrarias a la democracia.

La Iglesia se ve como propagandista de las actividades de los caciques, como irracionalismo frente al progreso de la ciencia, como “opio del pueblo” que utiliza la religión para adormecerlo frente a la explotación del gran capital. Se acusa al clero de ignorancia y cinismo, se afirma la hipocresía de los curas que predican una cosa y hacen otra, se le atribuyen todos los pecados capitales. Frente a la actitud de los sacerdotes se opone la del propio Cristo al que se ve cercano a los trabajadores, así se explica que en Bembibre en León, durante la revolución, la imagen de Cristo crucificada fuera salvada por los insurrectos del incendio de la iglesia para colgarle un cartel que decía: “Cristo rojo, a ti no te quemamos porque eres de los nuestros”.[70]

La propaganda de signo reaccionario se movía en ámbitos conceptuales bien diferentes.

La extrema derecha tiende a utilizar un lenguaje mítico-simbólico a la hora de referirse tanto a lo que defiende como a quien se le opone; así se darán argumentaciones no racionales respecto a la voluntad de Dios y la patria frente a la intervención de Satán o la Antipatria. Los revolucionarios son descritos como fieras, infrahombres que buscan la destrucción de la religión (voladura de la Camara Santa de la Catedral de Oviedo) y de la cultura para acabar con la misma España. La derecha española acusa la influencia de Menendez Pelayo en su concepción de la Patria como tradicional, misionera, conquistadora, unitaria y tridentina[71].

Así se formará tras la revolución una “leyenda negra” de Asturias que servirá en el futuro para justificar la sublevación de 1936 que dará paso a la Guerra Civil.

Las acciones de los revolucionarios son descritas como propias de los bárbaros en un tono exaltado como hace el padre García Figar que atribuía la revolución a un pacto en París de las logias masónicas: “saciaba en ellas (las víctimas) sus instintos más que de fieras (…) desangrándoles las entrañas o rompiéndoles los miembros con los mayores tormentos (…) quemándoles vivos atados a un árbol, sacándoles los ojos y cortándoles la lengua; en fin, cometiendo con ellos infamias que la pluma se resiste a escribir (…) incluso notas peculiares de canibalismo.”[72]

Se hacia referencia al asesinato de la práctica totalidad de los hijos de los guardias civiles pero “no se contentaban con asesinarlos, sino que después les sacaban los ojos, les abrían el vientre y les machacaban la cabeza (…) Han violado inclusive a niñas de trece años.”[73]

Para José María Pemán el origen de la revolución de Asturias estaba en el enciclopedismo de Jovellanos y el librepensamiento de la Universidad de Oviedo: “(…) en cierta dirección pensante en Asturias, hubo siempre un reloj adelantado: cuando España aún era católica, ya ella era laica; cuando España fue laica y republicana, ya ella era roja; cuando España ha sido roja (…) ella ha sido, como veterana, tierra de feroz resistencia. En una línea seguida de dos siglos de pensamiento, la que, pasando por cima de la radio, el champán y las medias de seda, explica la actitud de los mineros rojos (…)”[74]

Uno de los argumentos más esgrimidos por la extrema derecha en esos momentos hacia referencia a “los altos salarios” de los mineros pasando por alto la cruda realidad de las minas, las enfermedades, la peligrosidad del trabajo, las oscilaciones de los sueldos según la coyuntura de los mercados internacionales. Así, para Gil Nuño: “En vez de ahorrar y hacer una vida de felicidad con los hijos, se salían de su esfera, y por presumir de calaveras, hacían todas las locuras de los nuevos ricos, pagando como tales los trajes y lo que les apetecía.”[75] Pemán calificaba al minero asturiano de “obrero con radio, con champán, y con medias de seda para su mujer”.

Finalmente haremos referencia a las canciones de los revolucionarios tanto durante la revolución como la represión.

Sobre la importancia de la música en las actividades propagandísticas Pizarroso afirma: “La música, especialmente el canto, ha sido utilizada siempre como instrumento propagandístico: los cantos guerreros desde la antigüedad, los cantos religiosos en todas las épocas, los himnos, las canciones revolucionarias, las letrillas satíricas cantada, etc. han servido para fortalecer la cohesión de los grupos, para introducir en ellos nuevas ideas fáciles de retener y repetir gracias a la música”.[76]

Estas canciones están recogidas en la cinta El son nos cantares de la revolución d’Ochobre de 1934[77]:

Existe una canción que con la música del “Asturias patria querida” se conserva en el archivo del PCE en Madrid:

Asturias tierra bravía,

Asturias de luchadores;

no hay otra como mi Asturias

para las revoluciones

(Estribillo)

Tengo de bajar a Oviedo

Empuñando mi fusil

Y morirme disparando

Contra la Guardia Civil.

Contra la Guardia Civil

Y los cobardes de Asalto

Tengo de bajar a Oviedo

Y morirme disparando.

Los obreros de Asturias

Demostraron su heroísmo

Venciendo a la clerigalla

Y al feroz capitalismo

(Estribillo)

Los de Lerroux y la CEDA

Son los verdugos de España

Los que roban las conquistas

Del obrero que trabaja.

(Estribillo)

Sobre la represión existen numerosas canciones procedentes de testimonios orales:

Los mineros de Asturias

Sin tener miedo a la muerte

Se lanzaron a la lucha

Armados hasta los dientes

La mina es una trinchera

Los mineros los soldados

Los martillos los cañones

Los barrenos los bombazos

Por el Carbayín corría

La sangre de los mineros

Del sepulcro de los hombres

Asturias tendrá su recuerdo.

La sangre de los mineros

A la República trajo

Que luchó honrado y noble

Por mejorar el trabajo.

Cuantos hombres y mujeres

En aquel día lloraron

Cuando soltaron los pobres

Mineros encarcelados.

Salen los mineros de Pola Laviana

Tomando cuarteles llegaron a Sama

El cañón retumba, los fusiles cantan

Los dinamiteros derrumban murallas

Y entran los moros con carta blanca

Y dos banderas de la Legión.

Haciendo muertes, robos y atracos

Y hasta es posible la violación

Silencio en Asturias, todo está en calma

Silencio en Asturias, silencio en las masas

Vaya beneficio grande

Que hizo a España Gil Robles

Si él sigue gobernando, (bis)

Terminaba con los hombres.

En Villafría de Oviedo

Cuarenta y nueve familias

En las garras de los moros (bis)

Murieron a sangre fría.

Si algún día vas a Asturias

Descúbrete compañero

Por la suerte que han corrido

Esos valientes mineros

(Estribillo)

Ay, ay, ay, ay

Cuantos obreros murieron

Bajo las balas traidoras

D’esos canallas del Tercio

Esos valientes mineros

De la provincia de Oviedo

Han demostrado al mundo

Que no conocen el miedo

Por último están las canciones referentes a la muerte de Aida de Lafuente, que se convirtió en la verdadera mártir de los sucesos de Octubre para la izquierda española, estas canciones son un ejemplo de ello:

Cuando haya otra revuelta

Ya no habrá otra valiente

Que ponga su pecho al frente

Como Aida de la fuente

Aida que así se llamaba

Aida que así se llamó

Aida que murió gritando

Viva la revolución

Desde Colloto a Cerdeño

Sin dejar a Villafría

En todo el resto de Asturias

Hicieron carnicería

Mataron la libertaria

A la boca de un cañón

Y matándola decía

Viva la revolución

Se pusieron orgullosos

Por matar a una mujer

Y el que la mató decía

Yo cumplo con mi deber

Dieciseis años tenía

Edad hermosa y lozana

Que como los pajarillos (bis)

Los niños corren y saltan

Esta chica iba a la escuela

En su región asturiana

Y ella daba a la comba (bis)

Y sus amigas saltaban

Llegó la huelga de octubre

Que fue revolucionaria

Y en vez de coger la comba (bis)

Tu cogiste una metralla

Con los valientes mineros

Que bien te la manejabas

Protegiendo a los obreros (bis)

Cuando iban de retirada

En el furor del combate

Te hirió una pierna una bala

Y no podías moverte

Que tu vida peligraba

Dos jóvenes socialistas

Que intentaban de salvarla

Quedaron allí sus cuerpos (bis)

Barridos por la metralla

Ya llegaron los del tercio

-¿Cómo te llamas muchacha?

Tu gritaste puño en alto

“comunista libertaria”

no acabaste de decirlo

tu voz quedó en la garganta

pero tu precioso cuerpo (bis)

fue acribillado de balas

la sangre que derramaste

fue sangre muy asturiana

se convirtió en un jardín (bis)

con flores muy encarnadas

En el primero de mayo

Llevarán en toda España

Las juventudes marxistas

Las flores de libertarias.

Aida de La fuente se convirtió en un autentico mito de la revolución asturiana, y poetas comprometidos con las ideas de izquierda como Rafael Alberti le dedicaron sus versos. Lamentablemente la mayoría de estos poemas se han perdido ya que se escribieron durante la Guerra Civil y muchos de ellos no llegaron a publicarse.

Lo que es indudable es que el Octubre asturiano pasó a ser un “leit motiv” del bando republicano durante el conflicto de 1936.

5. Expresiones artísticas

Probablemente la obra literaria más reseñable en torno a la revolución asturiana (dejando aparte los poemas sobre Aida de Lafuente de Rafael Alberti) sea “Rebelión en Asturias” de Albert Camus.

La obra “Révolte dans les Asturies” es un drama totalmente vanguardista. La puesta en escena es absolutamente moderna, tratando de confundir el escenario con las butacas, mezclando los lugares de Asturias y Madrid, utilizando la radio como un actor más de la trama. La primera acotación describe: “El decorado envuelve y presiona al espectador, le obliga a formar parte de una acción que los prejuicios tradicionales le llevarían a ver desde el exterior. No está delante de la capital de Asturias sino dentro del mismo Oviedo, y todo gira en torno a él, que se convierte en el centro de la tragedia. El decorado ha sido concebido para impedir que se defienda. A cada lado de los espectadores, sendas calles de Oviedo: ante ellos una plaza pública a la que da una taberna. En el centro de la sala, la mesa del Consejo de Ministros, y sobre ella un gigantesco altavoz que se supone es Radio Barcelona. La acción transcurre en esos diversos planos, alrededor del espectador, obligado a ver y a participar según la perspectiva geométrica singular. Idealmente, el espectador de la butaca 156 ve las cosas de modo distinto al espectador de la butaca 157.”[78]

“Rebelión en Asturias”, escrita en Argel en la Pascua de1936, era una obra de propaganda con el objetivo de solidarizarse con los trabajadores asturianos víctimas de la represión que fue censurada por el alcalde de la capital africana.

El marco ideológico en que se inscribe el drama teatral es el acercamiento al comunismo. Los autores la subtitulan “Ensayo de creación colectiva” se trata de superar la suma de las creaciones individuales mediante una acercamiento a la producción industrial de la producción artística, se busca “demostrar que la creación autoral es posible dentro de un grupo”.[79]

En esta significación ideológica es necesario diferenciar tres puntos:

–         La presencia del tema de España: Camus siempre se sintió ligado a la cultura española ( su madre era de origen mallorquín ), durante la Guerra Civil tomará partido por el bando republicano, abandonará la UNESCO en protesta por el ingreso de la España franquista y otra de sus obras como “Estado de sitio” se desarrolla en Cádiz. “Rebelión en Asturias” no hace sino recordarnos el valor de la España de los años 30 en el proceso político europeo, que culminó en esa gran confrontación ideológica de la que nuestra Guerra Civil fue sólo el primer episodio.[80]

–         La voluntad de información: La obra trata de oponer otra versión a la información oficial. Los textos radiofónicos que aparecen en el drama están sacados de la prensa argelina durante los días de la revolución. Se trata de que frente a esta versión oficial el espectador descubra en la escena una realidad bien diferente. Este es el punto más interesante para nuestro estudio ya que representa el interés propagandístico que los autores tenían en el momento de escribir la obra, y que demuestra el hecho de que fuera censurada por el alcalde de Argel en el momento de su estreno.

–         La solidaridad política: Resulta obvio el hecho de que Camus se sintiera solidario con los mineros asturianos, sin embargo, es preciso señalar que pese al acercamiento inicial del autor al comunismo (del que se separaría tras la II Guerra Mundial por su horror hacia la URSS) no titula la obra revolución sino rebelión. Más coherente con el pensamiento filosófico del autor de “El hombre rebelde”

Es importante diferenciar ahora estos dos conceptos. Frente a la idea de revolución, que se supone más planificada y orientada a conseguir un estado ideal de la realidad social, Camus opone el concepto de Rebelión como una actitud ética frente a la injusticia. En este sentido Camus escribe: “El revolucionario es al mismo tiempo rebelde o ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la rebelión. Pero si es rebelde, termina alzándose contra la revolución. Por tanto, no hay progreso de una actitud a otra, sino simultaneidad y contradicción que crece sin cesar. Todo revolucionario termina siendo opresor o hereje. En el universo puramente histórico que han elegido rebelión y revolución van a parar al mismo dilema: o la policía o la locura.”[81]

Este será el punto que separe a Sartre y a Camus, que no se considerará nunca un existencialista. Camus rechaza la idea de que cualquier transformación política pueda llevar a comunidades ideales y felices  obviando el problema  de la agonía que supone  el mero hecho de existir.

Para terminar, nada mejor que reproducir el preámbulo de la obra:

“El teatro sólo se escribe como último recurso.

Ése es el caso de la obra que presentamos hoy al público. No pudiendo ser representada al menos será leída.

Pero que el lector no juzgue. Que procure más bien traducir a formas, a movimientos, y a luz cuanto aquí únicamente está sugerido. Solo a ese precio colocará este Ensayo en su verdadero lugar.

Ensayo de creación colectiva, lo llamamos nosotros. Es verdad. De ahí viene su único valor. Y también de que, tentativamente, introduce la acción en un marco inadecuado: el teatro. Basta, por lo demás, que la acción conduzca a la muerte, como ocurre en este caso, para que alcance cierta forma de grandeza propia de los hombres: el absurdo.

Por otras razones, de tener que elegir otro título, hubiéramos tomado el de La Nieve. Más adelante se verá por qué. En noviembre cubre las cordilleras de Asturias. Y, hace dos años, se extendió sobre aquellos de nuestros camaradas muertos por las balas de la Legión. La historia no ha guardado sus nombres.”


[1] Teodomiro Menéndez era diputado socialista en el Congreso de los diputados de la República.

[2] Dirigente del SMA, Sindicato  Minero Asturiano.

[3] El turquesa era un vapor cargado de armas en un inicio para los revolucionarios de Madrid, el propósito primero era descargar las armas en las costas andaluzas pero la fuerte vigilancia policial llevó a Indalecio Prieto a decidirse por las costas asturianas. El 11 de septiembre en San Esteban de Pravia fueron descubiertos por la Guardia Civil.

[4] Bernardo Díaz Nosty. Historia de Asturias. Tomo 8. Ayalga Ediciones. Salinas 1977. Pág. 239.

[5] B. Díaz Nosty. Op., cit. Pág. 241.

[6] B. Díaz Nosty. Op., cit. Pág. 241.

[7] Los comunistas, como se verá más adelante, convencieron a los revolucionarios de que aviones procedentes de la URSS acudirían a ayudarles.

[8] B. Díaz Nosty. Op., Cit. Pág. 244.

[9] B. Díaz Nosty. Op., Cit. Pág. 245.

[10] B. Díaz Nosty. Op.,Cit. Págs. 245-246.

[11] Los soldados tuvieron que basar su comida en las manzanas.

[12] B. Díaz Nosty, Op.,Cit.Pág.252

[13] Se temía a las tropas de África por su actuación anterior en los barrios periféricos de Oviedo donde  arrasaron materialmente los núcleos habitados por donde habían avanzado.

[14] B.Díaz Nosty. Op., Cit. Pág. 257

[15] Juan Simeón Vidarte. El bienio negro y la insurrección de Asturias. Barcelona. 1978. Pág.328

[16] David Ruiz, Rebelión en Asturias, Salinas, 1978, Pág. 13-18.

[17] B. Diaz Nosty. Op. Cit. Pág. 216

[18] Estadística minera y metalúrgica española, El socialista, Aurora Social, El Noroeste (1920-1930)

[19] B. Díaz Nosty. Op. Cit. Pág. 222

[20] Ludolfo Paramio. Revolución y conciencia preindustrial en Octubre del 34. Octubre 1934 (varios autores). Siglo veintiuno editores. Madrid. 1985. Pág. 308

[21] Ludolfo Paramio. Op. Cit. Pág. 308

[22] Otto Bauer fue secretario del Partido Socialdemócrata austríaco.

[23] Juan Simeón Vidarte, El bienio negro y la insurrección de Asturias, editorial Grijalbo, 1978, págs. 105-108.

[24] L. Paramio. Op., cit. Pág. 312.

[25] Las diferencias asturianas. Octubre 1934. Edit.Siglo veintiuno.Madrid 1985. Pág. 235.

[26] Hacia la revolución. Adrian Shubert. Edit. Crítica, grupo Grijalbo.Barcelona 1984. Pág.203.

[27] Juan Francisco Fuentes y Javier Fernández Sebastián. Historia del periodismo español. Edit. Síntesis. Madrid. 1997. Pág. 235

[28] Materiales para el aula. La revolución del 34 en Asturias.

[29] Arboleya era un sacerdote que representó en Asturias los más claros intentos de dotar al catolicismo de un contenido social. Su trabajo en favor de un sindicalismo católico resultó un fracaso por la oposición de los propios patronos y los grupos más reaccionarios de la Iglesia. El propio Arboleya recoge en un escrito la hostilidad que encontró entre los empresarios: “Yo resultaba con semejantes predicaciones mucho más peligroso que el mismo Pablo Iglesias, que al fin no llevaba sotana que justificase sus radicalismo socialistas…”

[30] El grado de compromiso político de Javier Bueno queda atestiguado por el hecho de que en el fin de la Guerra Civil cuando las tropas nacionales entraban en Madrid se negase a abandonar la capital siendo después fusilado por los falangistas.

[31] Adrian Shubert. Op. Cit. Pág. 196.

[32] Paco Ignacio Taibo II. Op. Cit. Pág. 249.

[33] Ibidem. Pág 239.

[34] Avance.( 2 de agosto de 1932)

[35] Avance ( 14 de marzo de 1933)

[36] Avance ( 9 de diciembre de 1933)

[37] La lucha de las derechas por el poder. Paul Preston. Octubre 1934. Op. Cit. Pág. 138.

[38] ABC (3 de marzo de 1933)

[39] Avance (26 de julio de 1934)

[40] Avance (3 de agosto de 1934)

[41] El Carbayón ( 20 de agosto de 1934)

[42] El Carbayón ( 10 de septiembre de 1934)

[43] Avance ( 10 de enero de 1934)

[44] Avance ( 5 de abril de 1934)

[45] Avance ( 26 de abril de 1934)

[46] Avance ( 10 de enero de 1934, editorial )

[47] Avance ( 30 de mayo de 1934)

[48] Avance ( 24 de mayo de 1934)

[49] El Carbayón ( 11 de septiembre de 1934)

[50] Avance ( 11 de julio de 1934)

[51] Materiales para el aula. Revolución del 34 en Asturias. Pág. 14.

[52] Vidarte, Juan-Simeón. Op., cit, Pág. 254.

[53] J.F. Fuentes y J. Fernández. Op., Cit. Pág. 236.

[54] Vidarte, Juan-Simeón. Op., Cit. Pág. 328.

[55] J.F. Fuentes y J. Fernández. Op. Cit. Pág. 235.

[56] ABC (12 de octubre de 1934)

[57] ABC (17 de octubre de 1934)

[58] ABC (20 de octubre de 1934)

[59] El Carbayón (9 de noviembre de 1934)

[60] El Noroeste (4 de diciembre de 1934)

[61] A. Pizarroso. Historia de la propaganda.  Edit. Eudema. Madrid.1990. Pág. 28.

[62] A. Pizarroso. Ibidem. Pág. 31.

[63] J. F. Fuentes y J. Fernández Sebastián. Op. Cit. Págs. 235-236

[64] Ibidem. Pág 248.

[65] Paul Preston. Op. Cit. Pág. 133.

[66] Ibidem. Pág. 140.

[67] Ibidem. Pág. 148.

[68] Avance (8 de agosto de 1934, texto de propaganda)

[69] ABC (3 de noviembre de 1934)

[70] José Alvarez Junco. El anticlericalismo en el movimiento obrero. Octubre 1934. Pág 294.

[71] Antonio Mª Calero. Octubre visto por la derecha. Octubre 1934. Pág. 166.

[72] B. Díaz Nosty. Op. Cit. Pág. 259.

[73] Ibidem. Pág .259.

[74] Ibidem. Pág.260.

[75] Ibidem. Pág 260.

[76] A.Pizarroso. Op. Cit. Pág. 31.

[77] Fono Astur. 1996. Gijón.

[78] José Monleón. “Pensamiento político del dramaturgo Albert Camus”. Rebelión en Asturias. Op., Cit. Pág. 57

[79] Ibidem. Pág. 40.

[80] Ibidem. Pág. 46.

[81] Ibidem. Pág. 50.

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